Tu cepillo y pantuflas.

Llegando a casa nada es igual, el cansancio se acentúa, la barra luce tan vacía… los bancos sobran y tus malos hábitos se extrañan.

Prometí dejarte ir, mas no olvidarte o dejar de sentir tu ausencia. Sentado al borde de la cama el insomnio me rebasa y te ha sustituido. ¿Me creerías si te digo que no he movido de la repisa tu cepillo ni he quitado tus pantuflas de la entrada? Así deambulo y te espero, te escucho tararear y logro verte sonreír.

No sé si es pasado o presente, las líneas del tiempo son algo difusas; caminando por el parque tomo tu mano y saboreo un helado en nuestra esquina preferida, me hace tanto bien. Siento tu cabeza en mi hombro y me relajo, olvido el mal día, lo que viene al despertar. Después camino sin cesar, veo las flores caer con lentitud y el atardecer se lleva tu presencia.

Mi indiferencia al mundo regresa y la vida ajena pasa veloz como una película muda, no me importa. A veces alguien intenta que reaccione, veo su cara frustrada pero no lo oigo, tampoco me esfuerzo. Vivo de eso, de ti, de nuestros recuerdos, de lo sensacional que era a tu lado.

No sé si es mucho pedirte. Si un día recoges tus pasos quédate o llévame, no seas así.

 


Anotaciones:

  1. Hay pérdidas que dejan sensaciones difíciles de expresar hasta que no llega la aceptación y la paz al corazón.
  2. Hay vínculos tan fuertes que tardan años en pasar al archivo muerto.
  3. La memoria es un arma bastante dolorosa poderosa.

 

 

Todo menos valiente.

Tratar de entenderme es causa perdida. Soy torpe en mi hablar y más torpe en saber decir la verdad de mi sentir. Ha pasado tiempo desde que nos vimos; pensé en explicar una y otra vez las verdaderas razones de mi distanciamiento, mas no pude.

Me negué la oportunidad de sentir, me aterró el futuro y dejé de vivir nuestro presente. Olvidé tus sentimientos, dejé de lado tu dolor y me encerré en mis miedos. Siento haberte dañado, nunca fui bueno reparando cosas, menos corazones.

Sé que es tarde para ofrecer disculpas, para retomar el discurso y para decirte que estoy preparado, que ya soy valiente como debía haber sido. El tiempo corrió, tú no frenaste el reloj, seguiste el sendero sin mí, creciste y me alegra mucho.

Te veo feliz, a lo lejos, mientras me retiro en silencio.

Dejar ir…

Aquí estoy de nuevo, hablándote, pensándote y dejando pendiente la despedida. Muchas cosas han pasado desde tu partida; incluso no soy la misma que conociste hace ayeres, tampoco puedo decirte que soy una mejor persona, simplemente soy otra.

Otra que no te olvida, otra que sigue enganchada a tus palabras, sin dejar volar tu voz ni tu mirada. Estoy sin ti, vivo sin ti, duele sin ti. Te aferro a mis memorias y a veces dudo si aquello que tengo tan guardado sea real, tan real como tú fuiste algún día, tan real como esta percepción canija.

No estoy lista para dejarte, será que nunca escuché tu partida, tu salida de esta vida que ya te sacó de este plano antes de lo pensado.

Perdona, dame tiempo, necesito más tiempo, sólo un poco más para dejarte.

De recuerdos y columpios.

 

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¿Trascender?

Surfista. by may rovles
Surfista., a photo by may rovles on Flickr.

 

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