Mujer, no te castigues.

Deja de culparte, suficiente es el dolor, suficiente la humillación, el vacío, el miedo, la falta de amor por ti, por la vida.

Si requieres culpables, todos lo somos. Tu ecuación es más compleja de lo que parece. La culpa también es de quien enterró su puño en tu cara y te abrió la ceja, la culpa es de quien pateó tu vientre y le dijo adiós a tu anhelo, la culpa es de quien quería imponerte un género que no querías. La culpa es de todos los que vimos, de quienes los formamos, oímos, dijimos que lo sentíamos y no hicimos nada por ti ni por él.

Tú te hundías, te apartabas, te asustabas y nadie quiso ser el héroe, todos le sacamos. Podemos disculparnos, sentirnos mal por meses, ahogarnos en el llanto pero eso no nos hará salvadores ni salvadoras en este momento. Nadie detuvo la ira, nadie le tapó la boca para que dejara de callarte, de gritarte y burlarse de tu condición, de lo sometida que estabas.

Sólo hoy culpa a la mujer que permitió tanto azote, tanta herida, tanto desamor. Culpa a la que fuiste ese día, reclámale, sacúdela y al final… perdónala, perdónala de una vez por todas y dale amor, comprensión, paciencia, confianza y fuerza, lo necesitará.

A partir de mañana, tómala de la mano, abrázala cada día, sonríele cada mañana, deséale buenas noches frente al espejo y recuérdale todo lo que puede lograr.

 

Buenos mensajes en los medios.

Uno da vuelta a los canales y al darse por vencido entre tanto programa de poco interés, decide echar un ojo a cierta trama la cual a causa del ocio o cualquier otra cosa, te va atrapando. Ese fue mi caso. La película había iniciado, una chica poco sociable y mal cuidada desfilaba entre pasillos llenos de ropa y de pronto roba varias prendas, al salir la detiene el guardia y su madre adoptiva le da una buena zarandeada, ¿cómo dejar pasar que su hija robara? ¡cuánta indignación en una sola escena!

Fuera de esta situación, a simple vista se observaba la vida cotidiana de una familia unida, con valores, interesada en las problemáticas sociales y siendo partícipe de la solución a esos problemas; en pocas palabras una familia perfecta. Sin embargo, el filme “El misterio del sótano” refleja aspectos por demás alejados de esa pantalla de felicidad y armonía. Da la vuelta a la moneda y conforme  pasan los minutos nos da a conocer una realidad psicópata y en ocasiones siniestra, al grado que la madre ejemplar es el monstruo controlador de una familia que se mantiene unida por el temor, el dinero y demás intereses que nada tienen que ver con lo que muestran al exterior.

La verdad me causó miedito el pensar que tu amigo, el vecino o quizás el tendero sean parte de una dinámica que se basa en la violencia, los secretos y un control obsesivo. ¿Qué tan alejada está tu familia de esto?, ¿hay muchas diferencias o sólo es el nivel de locura? Fueron algunas de las preguntas que llegaron a mi mente mientras veía la peli. Días más tarde leo una publicación de un conocido en la cual se cuestionaba por la inclinación podrida de los humanos. ¿Somos malos por naturaleza? Quiero pensar que no, pero más que evolución crecemos en degeneración.

La creatividad se emplea en la creación de armas y drogas, las estrategias en el rapto y acciones terroristas,  la política en la corrupción y el poder. Y es por ello que hoy en día diversas empresas llevan a cabo esfuerzos para exaltar los buenos pensamientos y sentimientos en el mundo. Ejemplo de ello (y no es que comulgue con la bebida o borre de la información todos los rumores negativos) son los comerciales de Coca-Cola. Su objetivo no es hacerte olvidar los horrores de la humanidad, al contrario, trasmiten que todo es cuestión de actitud y vale la pena apreciar lo que tenemos y rescatar lo mejor de lo peor. Coincido con esta idea, en una sociedad donde las estadísticas de desempleo, suicidios y divorcios son alarmantes, lo último que debemos elegir es la depresión, la ira y perversión.

 

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Declaración

may rovles

“Me tardé en decirlo y en pensarlo, por miedo a tu respuesta, por los malditos nervios que me acalambran y hacen tartamudo. No pretendía que me vieras portarme como estúpido cuando estas cosas se dicen cuando estás completamente seguro de lo que quieres.

Elegí este día de verano porque es tu preferido, ignoro qué viviste, sólo lo dices y sonríes. ¿Acaso un viejo amor, un amigo entrañable, un momento cómico? En fin, es lo que menos importa, ahora sólo estamos tú y yo, la brisa que besa tus labios y enternece tu mirada, la medianoche que traspasa los pensamientos y ahoga esta garganta.

Quería decirte mil cursilerías, juro que las escribí pero fueron tantas como tantos borradores que llenaron el bote y vaciaron mis neuronas. No encontré las letras a tu altura, aquellas que te dejaran ver de forma clara, franca y amorosa lo mucho que te amo, lo tanto que te pienso y deseo que estés en mi vida. Lo agradecido que estoy de que elijas quedarte como otras no lo hicieron. Agradezco tu paciencia ante mi decidia, ante mis descuidos y malos chistes, no sabía de qué otra forma hacerte reír.

Mírame, no quería discursos y justo ahora creo uno. Quería ser breve y me escurro como la galleta entre la leche, como aquel helado que no alcanzaste a terminar por enojarte conmigo, ¿te acuerdas?

Sabes, eres especial, puedo repetirlo como eco y sigues teniendo el mismo efecto, la misma gracia y belleza, y es por eso que hoy, a la par de las luciérnagas te pido que sigas siendo mi luna llena y creciente, la fragancia de las flores y el mar que me acompañe. Déjame cuidarte si enfermas, desfalleces o entristeces, deja que alegre tus días tanto como tú lo haces tan sólo con tu sonrisa. ¡Cásate conmigo ahora! Dime que sí, ¿aceptas?”.

¿Recuerdas Sabina? parece que fue ayer cuando eso te decía. Hoy lo recuerdo y te lo repito, con la única esperanza de que salgas de esas losas y me des por fin el sí…

 

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Interrogantes.

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