Mujer, no te castigues.

Deja de culparte, suficiente es el dolor, suficiente la humillación, el vacío, el miedo, la falta de amor por ti, por la vida.

Si requieres culpables, todos lo somos. Tu ecuación es más compleja de lo que parece. La culpa también es de quien enterró su puño en tu cara y te abrió la ceja, la culpa es de quien pateó tu vientre y le dijo adiós a tu anhelo, la culpa es de quien quería imponerte un género que no querías. La culpa es de todos los que vimos, de quienes los formamos, oímos, dijimos que lo sentíamos y no hicimos nada por ti ni por él.

Tú te hundías, te apartabas, te asustabas y nadie quiso ser el héroe, todos le sacamos. Podemos disculparnos, sentirnos mal por meses, ahogarnos en el llanto pero eso no nos hará salvadores ni salvadoras en este momento. Nadie detuvo la ira, nadie le tapó la boca para que dejara de callarte, de gritarte y burlarse de tu condición, de lo sometida que estabas.

Sólo hoy culpa a la mujer que permitió tanto azote, tanta herida, tanto desamor. Culpa a la que fuiste ese día, reclámale, sacúdela y al final… perdónala, perdónala de una vez por todas y dale amor, comprensión, paciencia, confianza y fuerza, lo necesitará.

A partir de mañana, tómala de la mano, abrázala cada día, sonríele cada mañana, deséale buenas noches frente al espejo y recuérdale todo lo que puede lograr.

 

Condicionantes.

Si tan solo los mares se desbordaran sin fin

como tu mirada en el ocaso.

Si los cerros extendieran sus brazos

y te buscaran como lo hacen los míos.

Si mis pies atravesaran universos

y trajeran tu realidad de vuelta.

Y mis labios besaran el agua

pura y cristalina,

como tu aura en esta tierra desierta.

Pero ninguno lo hace.

Ni los mares, ni los cerros, ni mis pies…

 

En ocasiones expresamos cuánto nos duele no estar, no ser o hacer, sin embargo, nuestras acciones no demuestran el mismo interés ni los motivos para alzarse, para emprender la batalla y conseguir los objetivos. La incoherencia es propia del humano, la victimización también.

Volver.

Cómo deseo que pase, que pase y se olvide, que no quede nada de esto. Que los días dejen de medirse por el dolor, por el pesar y la incertidumbre. Y regresar a aquel día, continuar la historia, seguir corriendo a tu lado con plenitud y libertad, sin arrepentimientos.

No sabes cómo lo deseo. Mi pecho se hincha y me entra la mohína… ni cómo golpear al destino, ni cómo saltarle encima para quitarle el momento donde tú y yo fuimos uno y nadie nos detenía.

Ahora sólo hay fragmentos y un vacío enorme que no se llena con palabras. A diario vuelvo y te veo y no dejo de verte, sonrío y vuelvo a caer. A diario vuelvo y no regreso.

Reclamo.

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Reclamo a la muerte tu presencia,
no nos bastaron mil besos de despedida.
El alba te llevó con ella
dejando cenizas con tu partida.
Envidio que la hubieras preferido,
qué pudo ofrecerte
que fuera tan atractivo.
Olvidaste a este hombre
que ahora anda por las esquinas
buscando el aroma que te distinguía
ante las miradas chismosas
que no toleran mi estado
y han olvidado tu ausencia.
Reclamo a la muerte tu presencia,
quiero otro beso de despedida.

Interrogantes.

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Moribundo.

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Zozobra de letras.

Illustración de Nicolleta

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