¿Estamos?

Soy la piel que se eriza cada que recibe una llamada,

soy la saliva que se atora en la garganta y detiene el tiempo.

Soy el aire que duele y me impide respirarte

y la flor que no renace y la tierra que mata.

Soy esto y aquello, pero nada igual a lo que conociste.

Me sueño siendo, me convenzo, creo que existo y te hablo.

Tantos años a tu lado y pareces tan cansada de mí

que tu indiferencia es abismal.

Dudo de mi existencia y vuelvo a repasar las señales de vida:

la piel, la saliva, el aire y tu presencia.

Por breves lapsos ya no sé si estuve o estuviste,

ni quién se fue primero.

Estamos sin estar, soy sin ser.

 

Leí que nuestra mente es tan genial que es capaz de generar escenarios, seres fantásticos y personas por días o años, todo a partir de un momento traumático o una emoción desagradable contenida de tal forma que ésta busca un escape de la realidad. Se protege la mente, pero no siempre ocurre lo mismo con el cuerpo.