Todo menos valiente.

Tratar de entenderme es causa perdida. Soy torpe en mi hablar y más torpe en saber decir la verdad de mi sentir. Ha pasado tiempo desde que nos vimos; pensé en explicar una y otra vez las verdaderas razones de mi distanciamiento, mas no pude.

Me negué la oportunidad de sentir, me aterró el futuro y dejé de vivir nuestro presente. Olvidé tus sentimientos, dejé de lado tu dolor y me encerré en mis miedos. Siento haberte dañado, nunca fui bueno reparando cosas, menos corazones.

Sé que es tarde para ofrecer disculpas, para retomar el discurso y para decirte que estoy preparado, que ya soy valiente como debía haber sido. El tiempo corrió, tú no frenaste el reloj, seguiste el sendero sin mí, creciste y me alegra mucho.

Te veo feliz, a lo lejos, mientras me retiro en silencio.

Mujer, no te castigues.

Deja de culparte, suficiente es el dolor, suficiente la humillación, el vacío, el miedo, la falta de amor por ti, por la vida.

Si requieres culpables, todos lo somos. Tu ecuación es más compleja de lo que parece. La culpa también es de quien enterró su puño en tu cara y te abrió la ceja, la culpa es de quien pateó tu vientre y le dijo adiós a tu anhelo, la culpa es de quien quería imponerte un género que no querías. La culpa es de todos los que vimos, de quienes los formamos, oímos, dijimos que lo sentíamos y no hicimos nada por ti ni por él.

Tú te hundías, te apartabas, te asustabas y nadie quiso ser el héroe, todos le sacamos. Podemos disculparnos, sentirnos mal por meses, ahogarnos en el llanto pero eso no nos hará salvadores ni salvadoras en este momento. Nadie detuvo la ira, nadie le tapó la boca para que dejara de callarte, de gritarte y burlarse de tu condición, de lo sometida que estabas.

Sólo hoy culpa a la mujer que permitió tanto azote, tanta herida, tanto desamor. Culpa a la que fuiste ese día, reclámale, sacúdela y al final… perdónala, perdónala de una vez por todas y dale amor, comprensión, paciencia, confianza y fuerza, lo necesitará.

A partir de mañana, tómala de la mano, abrázala cada día, sonríele cada mañana, deséale buenas noches frente al espejo y recuérdale todo lo que puede lograr.

 

Te amo.

Te amo de tantas formas,

pero no como los otros.

Te amo con detalles despistados,

te amo como no queriendo.

Yo, simplemente te amo…

sin flores ni joyas,

sin ornamentos ni trampas,

con mis heridas parchadas,

con uno y mil desperfectos.

Te amo sin necesidad,

aún en mi silencio,

deliberadamente

dando el alma en cada beso.

 

Algunos aman sin palabras, sin ataduras, sin romance y no deja de ser amor.

Ese tramo de la cinta.

No lo entiendo. Anotas que esto es más que nosotros pero termino siendo el único afectado. Te expuse mis miedos y pensamientos, te hablé de mi negativa a amarte, de mi falta de confianza y valentía; que no movería un dedo y crucé un océano entero, que estarías en mi lista de personas indeseables y no he dejado de pensarte a mi lado, de soñarte esperando, sintiendo la misma ansiedad y desesperación que yo.

Dime dónde encontrarte, cómo hacerte sentir al menos odio por mí. ¿Por qué no vienes y reclamas? Hazme sentir la furia con esa mirada almendrada, con esos labios mordidos. Grítame, lanza todo lo que tengas, sácame de la eterna espera. Extraño tu voz, el aroma a lima que siempre te acompaña, tu lento caminar, tu cabello corto y esa fuerza combativa que siempre te distingue.

La vida sigue, todos siguen, pero yo me siento en pausa, regresando miles de veces ese tramo de la cinta en busca de un mínimo y efímero detalle que explique tu partida y dé esperanzas de tu regreso. Explicaría mi torpeza, lo idiota que fue traicionar mis ideas y dejarme llevar por algo sin sentido.

 

Porque sí

Porque te leo y no te siento, porque me duele tu ausencia pero más tenerte cerca y el temor no me deja expresar el desencanto de mis decisiones y zozobra.

Porque el tenerte no existe y el amarte es pecado, porque derribando historias tú serías el elegido y dejaría de herirte y dejaría de callarme.

No hay razones para esto aunque me ruegues respuestas lógicas y llanas. Te quiero porque sí, porque eres tú, porque me ahogan tus silencios, porque si no estás no hay olvido, hay pesar y vacío.

Porque sí, a pesar de la duda y la distancia, a pesar de todo, te quiero.

 

Cásate conmigo.

sueño rosa

Tuve un sueño, uno rosa. Ella por fin se animaba y me pedía matrimonio. No esperaba algo creativo, ella nunca fue así; era muy práctica pero no menos emotiva. Lo hacía bajo las estrellas, con pizza y cerveza, decía alguna frase tonta para apagar la tensión. Se veía linda, siempre fue linda… Seguro traería mi melena despeinada con los rizos en la cara, sin maquillaje, sin esperarme que ese era el momento que por años esperé. Mi cara atónita lo diría todo, las patas me temblarían, el corazón no pararía ante tal declaración. Me tomaría unos minutos entre risas y los nervios pero al final sabía lo que quería responder: un SÍ enorme, radiante, lleno de brío. Daría de brincos, la abrazaría, la besaría. Era un buen sueño, sólo un puto sueño.

Ahora estoy en este agujero, donde lo último que espero es un conejo blanco; ojalá pasara para perseguirlo y que me lleve a tu mundo, a ese de mil porquerías que tanto te hacían feliz, a ese mundo de globos y unicornios. Lo espero, no hay día que no espere eso, volver a verte, regresar al sueño, responder que sí y ser feliz contigo. Rentar un casa, pensar en hijos, gatos o perros, pasear por las tardes y que te enredaras en mis cabellos para nunca más dejarte ir.

Pero la cagaste, te burlaste de mi sueño, que quién diablos se iba a casar con una loca como yo, que te dejara en paz, que cerrara mi ciclo. Hablaste de acoso, de mi obsesión y tu miedo, tus carcajadas calaron, calaron demasiado y no dejaste opción. ¡Yo sólo te amaba, demasiado, como nunca te amaría la que ahora estaba contigo! Te burlaste, tanto te burlaste que mi sueño rosa se volvió rojo sangre.

De fronteras, amor y sueños.

Una noche de luna,
bajo el árbol,
entre las luciérnagas
que alborotaban la calma.
Tú titubeabas
y mordisqueabas el labio,
los nervios no soportaban
el silencio de esos campos…
La huída no resolvería
los problemas que existían
entre nuestras fronteras,
pero íbamos a cruzarlas.
Tus ojitos se inundaban
cuando los míos se sellaban
por las balas que rompían mi sueño
mas nunca controlarían mi alma.