Cómplices.

La nítida emoción que sostenemos

envuelta entre hinojo y aserrín,

sintiendo, deseando,

tras puertas clausuradas por instantes

que se marcan en la piel.

Fallando en el silencio,

gimiendo de placer,

deshaciendo nuestros cuerpos

y olvidándonos de aquél

que estigmatiza nuestros sueños,

uno a uno sin saber.

 

Ese tramo de la cinta.

No lo entiendo. Anotas que esto es más que nosotros pero termino siendo el único afectado. Te expuse mis miedos y pensamientos, te hablé de mi negativa a amarte, de mi falta de confianza y valentía; que no movería un dedo y crucé un océano entero, que estarías en mi lista de personas indeseables y no he dejado de pensarte a mi lado, de soñarte esperando, sintiendo la misma ansiedad y desesperación que yo.

Dime dónde encontrarte, cómo hacerte sentir al menos odio por mí. ¿Por qué no vienes y reclamas? Hazme sentir la furia con esa mirada almendrada, con esos labios mordidos. Grítame, lanza todo lo que tengas, sácame de la eterna espera. Extraño tu voz, el aroma a lima que siempre te acompaña, tu lento caminar, tu cabello corto y esa fuerza combativa que siempre te distingue.

La vida sigue, todos siguen, pero yo me siento en pausa, regresando miles de veces ese tramo de la cinta en busca de un mínimo y efímero detalle que explique tu partida y dé esperanzas de tu regreso. Explicaría mi torpeza, lo idiota que fue traicionar mis ideas y dejarme llevar por algo sin sentido.

 

Frialdad. Dic 16, 2015.

Odio la noche y su frío,

carcome mis coyunturas,

me quema, te trae del olvido

y me hacen desearte

aquí echado, enfriándome sin ti.

 

Me disgusta el frío, soy friolenta a morir y únicamente lo tolero porque puedo desempolvar mis gorros y bufandas. Este año fue diferente dado que recibo terapia y dentro de ella me tratan con hielo, un hielo que a veces no se siente pero está presente. Así que al menos por este invierno, sólo por éste, dejé de quejarme.

20 cosillas sobre mí.

Cierro el año con una entrada sobre algunos puntos que construyen mi día a día y mi personalidad. Aunque parezca simple, a veces expresar ciertos detalles me cuesta trabajo.

Aquí va la lista:

  1. La frase “adaptación a los cambios” sólo es real cuando la leo en mi currículum. No acepto los cambios repentinos con serenidad ni paciencia. Kalimán me habría reprobado.
  2. A veces dejo de arriesgarme al grado de pensar demasiado en cortarme el cabello, como si de esto dependiera mi estabilidad.
  3. Estoy harta de las mudanzas y el decirlo una vez más no ayuda, parece que van incluidas en mi bolso de vida.
  4. Por más que me esfuerce, soy antisocial. La desconfianza hacia los seres humanos fuera de mi círculo hace que evite el contacto, difícilmente me abro y si lo hago es con reservas. Prefiero el contacto de lejecitos pues soy una torpe social; si hablara como escribo otro gallo me cantaría.
  5. Me privo si estoy en una reunión con más de dos personas conocidas. Prefiero callar, se me dificulta encontrar tema de conversación. Ante desconocidos ni hablo y si lo hago es porque algo tuvo que llamar mucho mi atención.
  6. Me aterra el matrimonio, el acto de una ceremonia, caminar al altar o firmar un documento.
  7. Puedo embobarme por varios minutos con cualquier pendejada.
  8. No puedo vivir sin tener un vicio en mi vida. Llámese series, colecciones, personas, alguna bebida, etc.
  9. Si dejo de tomar café me pongo ansiosa, enojada, intolerable.
  10. Me encanta hablar de súper héroes. ¡Amo a Batman!
  11. Adoro los autos, sobre todo los modelos deportivos antiguos tipo Firebird, Falcon, Mustang. Me late leer o ver sobre el funcionamiento, la potencia y velocidad.
  12. No fumo ni tengo pensado hacerlo pero adoro el olor de las cajetillas.
  13. Me laten las matemáticas y la física, ¡son geniales!
  14. Me aterran los reptiles y anfibios, no puedo tenerlos cerca.
  15. Desde hace más de 5 años mantengo amistad con tres personas a las cuales jamás he tenido enfrente y nuestro único contacto es electrónico.
  16. Tengo pánico escénico, prefiero estar tras bambalinas.
  17. A mi pareja la conocí a través de internet y estamos juntos desde el primer día que nos vimos.
  18. Soy más de ensaladas que de carnes. Evito tomar refrescos.
  19. Me encanta tener pecas, considero que son parte de mí.
  20. Me incomoda que me tomen fotos o vídeos.

 

Sin más, ¡les deseo un año 2017 lleno de satisfacciones y grandiosos momentos!

Mil gracias, nos leemos pronto  😉

Porque sí

Porque te leo y no te siento, porque me duele tu ausencia pero más tenerte cerca y el temor no me deja expresar el desencanto de mis decisiones y zozobra.

Porque el tenerte no existe y el amarte es pecado, porque derribando historias tú serías el elegido y dejaría de herirte y dejaría de callarme.

No hay razones para esto aunque me ruegues respuestas lógicas y llanas. Te quiero porque sí, porque eres tú, porque me ahogan tus silencios, porque si no estás no hay olvido, hay pesar y vacío.

Porque sí, a pesar de la duda y la distancia, a pesar de todo, te quiero.

 

Anotaciones. Nov 25, 2016. – Decido avanzar.

Los pensamientos y hechos están en su sitio. Se siente cuando la verdad cae, pesa pero a la vez trae claridad y con ello una sensación de tranquilidad aún cuando a partir de este momento el camino no deja de ser complicado; por fortuna se sabe por dónde vas y qué debes llevar contigo… avanzas preparado.

Estaba enojada, me sentía frustrada y sin pensar lo hacía por razones equivocadas. No me irritó andar por el camino difícil, comúnmente es el que elijo; me gusta saborear el logro después de escalar arduamente, sé que es un mal hábito, en ocasiones no hace falta matarse para merecer y alcanzar las cosas. En fin, eso no me tenía contra la pared.

Lo que realmente me encabritó fue que no me dieron a elegir, la vida me presentó una sola vereda, larga y tortuosa, incómoda, sin tientos ni chiqueadera. Así que cuando visualicé la situación sin afán de victimizarme y alejando cualquiera de mis quejas, me cayó el veinte de que no era necesario también sufrir emocionalmente. En esta ocasión se me había puesto en bandeja de plata la opción que habría elegido, se me habían facilitado las cosas y yo con mi quejadera.

Por ello decidí aceptar mi presente y fluir, simplemente fluir con el reto de mejorar esa parte de mi cuerpo que ahora no está al 100, sin importar cuánto duela, cuánto pese, cuánto tarde. El “cuánto” es lo de menos, quiero disfrutar del paisaje, las personas, las experiencias y de mi vulnerabilidad, quiero sentir cómo cada parte de mí despierta, transpira, vive.

Pienso, luego… duermo.

Algunos vivimos con la esperanza de ver un mundo mejor, de evolucionar como ser, de realizar un cambio, sumando y multiplicando, por más optimista que suene y parezca.

Aunque para ello libremos batallas incluso con uno mismo y se luche contra la posibilidad del fracaso, contra la enfermedad, la tristeza, la frustración y los demás fantasmas del pasado.

Me pregunto si vale la pena. ¿No es mejor seguir durmiendo?