Mujer, no te castigues.

Deja de culparte, suficiente es el dolor, suficiente la humillación, el vacío, el miedo, la falta de amor por ti, por la vida.

Si requieres culpables, todos lo somos. Tu ecuación es más compleja de lo que parece. La culpa también es de quien enterró su puño en tu cara y te abrió la ceja, la culpa es de quien pateó tu vientre y le dijo adiós a tu anhelo, la culpa es de quien quería imponerte un género que no querías. La culpa es de todos los que vimos, de quienes los formamos, oímos, dijimos que lo sentíamos y no hicimos nada por ti ni por él.

Tú te hundías, te apartabas, te asustabas y nadie quiso ser el héroe, todos le sacamos. Podemos disculparnos, sentirnos mal por meses, ahogarnos en el llanto pero eso no nos hará salvadores ni salvadoras en este momento. Nadie detuvo la ira, nadie le tapó la boca para que dejara de callarte, de gritarte y burlarse de tu condición, de lo sometida que estabas.

Sólo hoy culpa a la mujer que permitió tanto azote, tanta herida, tanto desamor. Culpa a la que fuiste ese día, reclámale, sacúdela y al final… perdónala, perdónala de una vez por todas y dale amor, comprensión, paciencia, confianza y fuerza, lo necesitará.

A partir de mañana, tómala de la mano, abrázala cada día, sonríele cada mañana, deséale buenas noches frente al espejo y recuérdale todo lo que puede lograr.

 

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Anotaciones. Nov 25, 2016. – Decido avanzar.

Los pensamientos y hechos están en su sitio. Se siente cuando la verdad cae, pesa pero a la vez trae claridad y con ello una sensación de tranquilidad aún cuando a partir de este momento el camino no deja de ser complicado; por fortuna se sabe por dónde vas y qué debes llevar contigo… avanzas preparado.

Estaba enojada, me sentía frustrada y sin pensar lo hacía por razones equivocadas. No me irritó andar por el camino difícil, comúnmente es el que elijo; me gusta saborear el logro después de escalar arduamente, sé que es un mal hábito, en ocasiones no hace falta matarse para merecer y alcanzar las cosas. En fin, eso no me tenía contra la pared.

Lo que realmente me encabritó fue que no me dieron a elegir, la vida me presentó una sola vereda, larga y tortuosa, incómoda, sin tientos ni chiqueadera. Así que cuando visualicé la situación sin afán de victimizarme y alejando cualquiera de mis quejas, me cayó el veinte de que no era necesario también sufrir emocionalmente. En esta ocasión se me había puesto en bandeja de plata la opción que habría elegido, se me habían facilitado las cosas y yo con mi quejadera.

Por ello decidí aceptar mi presente y fluir, simplemente fluir con el reto de mejorar esa parte de mi cuerpo que ahora no está al 100, sin importar cuánto duela, cuánto pese, cuánto tarde. El “cuánto” es lo de menos, quiero disfrutar del paisaje, las personas, las experiencias y de mi vulnerabilidad, quiero sentir cómo cada parte de mí despierta, transpira, vive.

¿Y tú qué tanto aceptas?

Dentro de cualquier relación (laboral, personal, religiosa, etc.) debe existir COHERENCIA y HONESTIDAD, además de una serie de elementos y valores propios de la estructura formada. Ya sea que existan dos o más integrantes, estos deben cubrir ciertas reglas y principios implícitos o explícitos.

Lo anterior no quiere decir que los desacuerdos estén excluidos. Como seres con una serie de pensamientos y consciencia particular, no es fácil siempre estar contentos y aceptar todo lo que diga el otro, el resto o en su caso la cabeza de la agrupación. Dicen que el amar es tener presente las diferencias del otro y continuar la marcha, lo cual es razonable si deseamos mantener viva la relación y siempre y cuando dichas diferencias no afecten ni corrompan nuestro ser.

Es decir, siendo coherentes y honestos con nuestra estructura de valores, ideas y principios, debemos discernir si el desacuerdo parte de que la idea, la orden o acción ejecutada pretende romper con estos. Pues justo cuando aceptamos cosas con las cuales no estamos en nada de acuerdo, por parte de nosotros surge un choque y actitudes como el desgano, coraje, insatisfacción, aislamiento, culpa, indignación, dependencia, inseguridad o tristeza.

Así que debemos estar atentos a lo que aceptamos y permitimos, poniendo un oportuno ALTO y darnos cuenta cuándo es momento de terminar una relación.

¿Amigos laborales?

Hace años, cuando apenas iniciaba el camino laboral, una persona me dijo que en el trabajo no se hacen amigos, no es favorable y sólo trae problemas, que me lo metiera en la cabeza si quería llegar alto.

Sus palabras rondaron mi mente y dada mi esencia, algo no checaba, me resistía a pensar en la idea de no involucrarme con algún compañero del trabajo en el plano amistoso y dejarlo sólo en lo cordial o necesario.

Aprendí que es cierto, no puedes hacer amistad con todos, hay quienes no les interesa tu vida y “la amistad” terminará el día que salgas de ese empleo o en el momento que le quites el puesto, te aumenten salario, no les den los mismos beneficios, etc. Recordemos que se trata de un ámbito que trae impregnado la competencia, las oportunidades de mejora económica, el éxito y poder.

Sin embargo, pese a que varios elementos me ratificaron las palabras de aquel ser, considero que cada quien habla como le va en la feria y de acuerdo a lo que busca en la vida, ya que por fortuna hoy puedo y quiero agradecer que tengo grandiosos amigos que han salido de las arcas laborales y nuestra relación ha traspasado conceptos, empleos y dinero.

El orgullo sabe mal.

Mi primer trabajo fue una chulada. Aprendí al por mayor, día tras día junto al desgaste, a la falta de lana y a las negativas constantes, llegaba un aprendizaje tras otro… Trabajé por 3 meses como vendedora de cursos de inglés. Nunca me fue bien, las únicas veces que gané unos pesos fue porque recibía ayuda. Carezco del talento, así que aferrarme a obtener logros donde no hay herramientas ni aptitudes, se vuelve una tarea complicada. Durante estas semanas pensé más de una vez en sacar la bandera blanca y emprender la retirada, pero siempre hubo algo o alguien que me convencieran de continuar, de ser más perseverante como aquellos héroes de película que llegan con golpes y laceraciones, pero cumplen la misión.
No fue mi caso, y al final de ese trimestre, después de verme con 50 centavos en la bolsa y cero futuro para ser exitosa en ventas, decidí quedarme en la cama, y dejar de elevar gritos motivacionales (recordé un video que seguramente muchos han visto, aún así les copio link).
Bien, no tardó en sonar mi teléfono, se comunicaban para preguntar si algo había ocurrido y sin tapujos les dije que ya no iría, que estaba cansada y no tenía dinero ni para trasladarme -mi rebeldía y hartazgo respondieron -.
 
Me pidieron al menos acudir por última vez para hablar conmigo un momento ¿qué parte de no tengo dinero no entendieron?. Encontré $5 pesos por ahí tirados y como “un favor especial” me dirigí hacia allá. Llegué, me saludaron e indagaron mis motivos de retiro, que lamentaban esto y aquello, todo muy sentido como si les doliera la salida de un vendedor mediocre. Mas yo seguía firme en mi elección, bastantes golpes emocionales había sufrido, así que al menos la parte de las heridas si cumplían con el perfil de la sufrida y paupérrima protagonista televisiva. 
 
Finalizaron con darme las gracias y desearme lo mejor. En eso a la gerente regional se le ocurre meter la mano en su bolsa, sacar uno de $50 y decir con voz altanera “vamos, al menos toma esto, siquiera para que puedas regresar a tu casa”. La pena y orgullo no se llevan con el hambre, causan conflicto. Me negué ajá, muy digna yo. “Ándale, sé que los necesitas, igual con esto comes algo, ¿no dices que no traes nada?”, sin calidez de por medio, sólo tenía esa mirada fija sosteniendo el billete.
 
Duele mucho, dicen que el orgullo levanta, pero también duele cuando te lo tragas. Obtuve $50 y dije adiós.

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Remember, remember…

by may rovles

Con tu carta me acordé de la película “V de Vendetta”, la cual me gusta mucho sobre todo porque el personaje le recuerda al pueblo dónde inició todo, cómo propiciamos nuestros destinos y nos perdemos del origen. Avanzamos tanto que voltear atrás y pretender ver el inicio se vuelve una tarea muchas veces imposible; es tan imperceptible el meollo de los hechos y más cuando se trata de una de nuestras actitudes, de las que forjan la personalidad. 

Seré sincera, hubo momentos de mi vida en los cuales me di cuenta de la cantidad de recuerdos fantasma que obstruían mi realidad, esa realidad que se busca ocultar tras bambalinas, tras la neblina de creaciones fantasiosas, lejanas de lo que realmente aconteció. Cuando por fin eliminé una a una esas “nostalgias”, quedó tan vacío aquello que daba miedo. La nada abruma, la falta de recuerdos suele perdernos, confundirnos un poco. No obstante, el tener un pergamino en blanco, listo para ser escrito por tu nueva historia, se vuelve una oportunidad de oro.
 
A diferencia de ti, me alegra no ser la persona que muchos de mis allegados conocieron. No fui la mejor persona, herí mucho, fui distante y arrogante, rechacé ayudar y me perdí de la gente, de sus enseñanzas y de muchas cálidas sensaciones. Ya no pesa, sin embargo la historia se escribió, eso fui y sé que no implica que también lo seré. He comprobado que uno va modificando su persona, su escala de prioridades, valores y sentimientos. Podemos reformarnos una y otra vez, y con ello llegarán o volverán seres, más recuerdos y experiencias.
 
Ser algo es sencillo, cambiar ese algo no tanto. Son tiempos de renovación, tus poros lo respiran, tu sangre se apasiona y la mente se expande. 
¡Abrazos y grandes pasos trotamundo!

Del estrés y el cambio. (1a. Nota)

El cansancio y estrés nos llegan a cegar, mostrándonos que la única salida es huir de todo y de todos.

Es muy complicado desligarse y dejar lo que tienes y eres(1), más en un mundo tan conectado y aprehensivo con el ser humano, exigente del qué tienes, qué eres, qué puedes y sueñas ser; casi todo está desviado al área económica, a la acumulación de bienes. Querer que tu realidad sea distinta es ir contra corriente(2), sin embargo podemos fluir con las personas y condiciones, abriendo un espacio para nuestros hobbies y gustos, los cuales muchas veces se convierten en la razón de crecimiento y desarrollo de nuestros sueños, en el inicio.

 

NOTAS ACLARATORIAS:

  1. Sí es posible dejar lo que tienes y eres, pero tu concepción y visión del espíritu-mente-realidad también debe avanzar diversas etapas de consciencia.
  2. Ir contra corriente no es malo, simplemente requiere un mayor esfuerzo que logra el cumplimiento de los objetivos con la conjunción y apoyo de otras mentes y espíritus deseosos del cambio, sin embargo para ser líder se necesita enfoque, seguridad y fuerza, y en una etapa de caos y agobio cotidiano es complicado reunir estas características. Y buscar a qué causa seguirás cuando no estás seguro del camino que quieres emprender, hará que tu nivel de compromiso tampoco sea el que necesita determinada lucha y es probable que seas uno más de los que declinan.