Ese tramo de la cinta.

No lo entiendo. Anotas que esto es más que nosotros pero termino siendo el único afectado. Te expuse mis miedos y pensamientos, te hablé de mi negativa a amarte, de mi falta de confianza y valentía; que no movería un dedo y crucé un océano entero, que estarías en mi lista de personas indeseables y no he dejado de pensarte a mi lado, de soñarte esperando, sintiendo la misma ansiedad y desesperación que yo.

Dime dónde encontrarte, cómo hacerte sentir al menos odio por mí. ¿Por qué no vienes y reclamas? Hazme sentir la furia con esa mirada almendrada, con esos labios mordidos. Grítame, lanza todo lo que tengas, sácame de la eterna espera. Extraño tu voz, el aroma a lima que siempre te acompaña, tu lento caminar, tu cabello corto y esa fuerza combativa que siempre te distingue.

La vida sigue, todos siguen, pero yo me siento en pausa, regresando miles de veces ese tramo de la cinta en busca de un mínimo y efímero detalle que explique tu partida y dé esperanzas de tu regreso. Explicaría mi torpeza, lo idiota que fue traicionar mis ideas y dejarme llevar por algo sin sentido.

 

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