Pienso, luego… duermo.

Algunos vivimos con la esperanza de ver un mundo mejor, de evolucionar como ser, de realizar un cambio, sumando y multiplicando, por más optimista que suene y parezca.

Aunque para ello libremos batallas incluso con uno mismo y se luche contra la posibilidad del fracaso, contra la enfermedad, la tristeza, la frustración y los demás fantasmas del pasado.

Me pregunto si vale la pena. ¿No es mejor seguir durmiendo?

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