En su tierra.

Pisas,

tus pies se hunden

en la húmeda tierra

de su encanto.

Traspasas las siluetas

que vigilan

las bronceadas

montañas que la forman.

Llegas a sus tibias aguas,

te sumerges

y rebozas

en el cálido néctar de sus lirios.

Duermes enredado en sus raíces,

profundo, tranquilo,

oliendo sus flores,

bebiendo de sus ríos.

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