¿Y tú qué tanto aceptas?

Dentro de cualquier relación (laboral, personal, religiosa, etc.) debe existir COHERENCIA y HONESTIDAD, además de una serie de elementos y valores propios de la estructura formada. Ya sea que existan dos o más integrantes, estos deben cubrir ciertas reglas y principios implícitos o explícitos.

Lo anterior no quiere decir que los desacuerdos estén excluidos. Como seres con una serie de pensamientos y consciencia particular, no es fácil siempre estar contentos y aceptar todo lo que diga el otro, el resto o en su caso la cabeza de la agrupación. Dicen que el amar es tener presente las diferencias del otro y continuar la marcha, lo cual es razonable si deseamos mantener viva la relación y siempre y cuando dichas diferencias no afecten ni corrompan nuestro ser.

Es decir, siendo coherentes y honestos con nuestra estructura de valores, ideas y principios, debemos discernir si el desacuerdo parte de que la idea, la orden o acción ejecutada pretende romper con estos. Pues justo cuando aceptamos cosas con las cuales no estamos en nada de acuerdo, por parte de nosotros surge un choque y actitudes como el desgano, coraje, insatisfacción, aislamiento, culpa, indignación, dependencia, inseguridad o tristeza.

Así que debemos estar atentos a lo que aceptamos y permitimos, poniendo un oportuno ALTO y darnos cuenta cuándo es momento de terminar una relación.

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