De matasanos y Eduardo Galeano.

El nacimiento (Eduardo Galeano)

 “El hospital público, ubicado en el barrio más copetudo de Río de Janeiro, atendía a mil pacientes por día. Eran, casi todos, pobres o pobrísimos.
 Un médico de guardia contó a Juan Bedoian:
 -La semana pasada, tuve que elegir entre dos nenas recién nacidas. Aquí hay un solo respirador artificial. Ellas llegaron al mismo tiempo, ya moribundas, y yo tuve que decidir cuál iba a vivir.
 Yo no soy quién, pensó el médico: que decida Dios.
 Pero Dios no dijo nada.
 Eligiera a quien eligiera, el médico iba a cometer un crimen. Si no hacía nada, cometía dos.
 No había tiempo para la duda. Las nenas estaban en las últimas, ya yéndose de este mundo.
 El médico cerró los ojos. Una fue condenada a morir, y la otra fue condenada a vivir.”

Dr. Calavera by Victors Comics

Un día me dijeron “no hay buenas ni malas decisiones, sólo decisiones”, sin embargo sí hay buenas y malas percepciones, y ante situaciones cuya decisión ahonda en el terreno ético y moral, todo se complica y no es tan sencillo decir sí o no, a ti o a él, arriba o abajo, lárgate… quédate.
Y a nivel médico el tono de las decisiones se vuelve turbio, pendiendo vidas, acumulando muertes, abriendo canales a la negligencia e irresponsabilidad. Por lo cual todo Doc debe estar listo para tomar la mejor decisión para cada paciente. Pero qué ocurre cuando cae en una disyuntiva y tal como en la historia (que de mini no tiene nada) topas con personas que necesitan de ti en la misma proporción, sin más, sin menos, sólo claman con urgencia tu ayuda, tu persona y decisión, en espera de ser los elegidos a favor.
No es sencillo decidir, no es sencillo ocupar el lugar del Dios al que más tarde maldecirá la familia, la pareja, la madre o padre de aquél que dejarás ir, sin acumular remordimiento, sin que el peso de una muerte te persiga por los siglos de los siglos. Hay que tener temple, mucha confianza en lo que decidas y ser capaz de afrontar tus decisiones ante el dolor de ajenos.
Es difícil, sobre todo si nos damos cuenta de la dificultad que nos genera a los mortales el echo de romper un corazón, una ilusión, y de antemano estamos seguros de que el otro no morirá, de que esa persona aguantará vara y sabrá sobresalir. Aunque también he conocido personas que quedan instaladas en un momento de su pasado con las palabras que irrumpieron sus sueños e hicieron añicos los planes para el futuro. Pero no mueren, y si así decidieran irse de este mundo, sobre todo cuando no hay amor de por medio, la culpa se irá… pronto se irá. Es así que muchos no estamos preparados para tomar grandes decisiones sobre sí mismos, menos sobre otros.
En el área médica no es lo mismo. El sobrenombre de “matasanos” no se lo ganaron de a grapa, lamentablemente no fue así. Quién más que ellos para traer de la muerte y enviar allá mismo, sin escalas ni regreso. Profesión que exige entrega total, sin parcialidades.

Condenándonos a volver y seguir.
Y aquí seguimos, hasta que dure.

Imagen: Ilustración Dr. Calavera de Victors Comics. 

 

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