Mi domingo siete.

Imagen¿Te has preguntado de dónde proviene la frase “salió con su domingo siete”? Indagué pero no encontré mas que historias europeas o latinoamericanas, pero nada preciso, lo único cierto es que es longeva muy longeva y se sigue aplicando hoy en día. Desde pequeña la escuchaba en el pueblo, en mi familia, y siempre era acompañada de un tono chismoso, oculto, prohibido, vergonzoso, lleno del qué dirán y la mancha a la honra. El que una jovencita soltera “de familia” saliera embarazada era todo un acontecimiento. Comenzaba la preguntadera y los lamentos: ¿quién la embarazó?, ¿los irán a casar?, ¡¿que el novio huyó?!, ¡pobre muchacha tan tonta!, ¿qué sus papás no estaban al pendiente?, eso le pasó por loca y pronta, y un largo etcétera de comentarios que muchas veces eran atinados, pero otras veces nocivos, falsos y llenos de especulación, sobre todo cuando provenían de ajenos al núcleo.

Se dice que nunca se nace siendo padres y en todo caso los hijos son los maestros. En lo personal puedo decir que mis padres hicieron todo su esfuerzo por hacer de mí una “buena” persona (me parece muy relativo eso de buenos y malos), y sumado a todos los valores que me fueron inculcados había premisas muy claras en la lista.

  1. Estudia, prepárate.
  2. Trabaja y sé productivo.
  3. Primero estudia, luego piensa en el amor.
  4. Trabaja y ya si quieres cásate.
  5. Cásate y ya pensarás si quieres hijos.

Una ligada a otra, todas involucrando el rol de estudiante y empleado ejemplar, todas enfocadas en una guía ideal que cualquier padre tiene para sus hijos. La mayor parte de las veces se busca que un hijo vaya paso a paso, que cualquier caída sea mínima gracias al apoyo e instrucción del padre o la madre. Se planea que tengas los mínimos errores, que seas respetuoso, comprometido, honesto, honrado, justo, bien portado, digno y demás. Sin embargo sin confianza, amor o ejemplo cualquiera de estos adjetivos de tu persona se pueden venir abajo, sobre todo si nos centramos en la realidad de todo ser humano y nos damos cuenta que aún con la familia rodeándonos optamos en cierta etapa a ser independientes, solitarios, reservados con asuntos que ya no son del ámbito general y público. Quizás tus padres tienen esa apertura hacia los temas sexuales y sin tabú ni tapujos te han explicado y orientado, pero pese a sus esfuerzos siempre habrá esa base del iceberg oculta, incluso en ocasiones para ti. Sino basta pensar en los múltiples pensamientos que nos hacen sentir extraños, en cierto sentido culpables o asombrados de lo que podemos ser capaces en el imaginario.

¿A dónde para esto? Sencillo. Salí embarazada, el público se alborota y en una ovación gritan “¡FELICIDADES!”.

Bah, ojalá fuera así de sencillo, pero no. Hoy, como ayer y mañana, habrá asombro, enojo, frustración, llanto, felicidad a medias, temores, inseguridades, miles de pensamientos, cientos de rumores, preguntas o comentarios múltiples. No ha cambiado mucho el panorama, sólo que en mi caso hubo una variante. Yo no tenía 15 o 18 años, tenía 26, un trabajo, una carrera, una pareja sólida, una casa en renta, en sí una vida resuelta. No había mayor complicación, el único detalle era que para crear un pequeñito aún faltaban muchas metas en la agenda por resolver. Aclaro que el matrimonio nunca estuvo en la lista, así que el tener que “salir de blanco de casa” no era algo previsto ni necesario.

El manejar la noticia no es cosa fácil, sobre todo cuando lejos de buscar las palabras “correctas” se teme a la reacción de tu pareja o de tus padres, los cuales podrán escuchar tu discurso de una hora pero en su mente sólo quedará “TENDRÉ UN HIJO”. Es muy cierto que de la envoltura de una noticia (el cómo y qué dices) dependerá la respuesta, pero también de tu situación actual (edad, estabilidad amorosa, económica o social), y el próximo nacimiento de un niño puede tomarse como una pesadilla, un error, una metida de pata, cuando no es así. Se teme a no estar preparado -NUNCA LO ESTAMOS-, a no cumplir con las expectativas ajenas – NUNCA LO HARÁS TOTALMENTE-, a la crítica – SI NO ES POR UN HIJO LO SERÁ POR ALGO MÁS-, por lo tanto una noticia de este calibre debería tomarse como es: una hermosa bendición. El miedo nunca se va, menos cuando nace y su presencia te exige compromiso, dedicación, paciencia (que debes sacar hasta debajo de las piedras), entereza y mucha confianza en ti y en quien te acompañe en esta nueva etapa.

En mi caso todo fue mágico. Lo digo así porque nunca esperé que mis padres reaccionaran así. Mi madre reía de nervios, no lo creía (claro que en cuanto su cabeza se enfrió hizo ciertas preguntas), mi padre lloró de felicidad, lo cual parecía un sueño, ya que en realidad pensaba que sucedería todo lo contrario, me lo imaginaba gritando, enojado, preguntando miles de cosas, tal como lo hace la mayoría de los padres en esta situación. Quedé sorprendida, me sentía apoyada y lo más importante fue que ambos manifestaron su confianza en que sola o acompañada yo sabría salir adelante como hasta en ese momento lo había hecho. Es ahí cuando pensé que si en ningún momento sentí la aceptación de la familia, palabras como esas constataban que todo el drama y complejo del no ser aceptado estaban en mi mente. La vida me estaba dando otra lección y sobre todo la bienvenida más cordial que pude haber tenido al nuevo rumbo tomado.

Cuando pasas por algo así pareciera que el resto de las historias similares a la tuya cobran importancia, son notadas por tu consciente y vienen a ti. Así que he escuchado tantas historias como versiones y reacciones hacia el suceso. También he visto chicas alegres y frustradas, he oído noticias envueltas en llanto y decepción, otras más felices y llenas de gratitud porque la vida los bendijo. Más relevante que el cómo tomen la noticia los otros, todo el show partirá del cómo la tomen los implicados; la complejidad y el número de “afectaciones” pueden variar.

La respuesta de tus padres es insospechada. Sé de padres que de entrada no saben qué decir y callan por días, meses, como si en el silencio y distancia fueran a encontrar la respuesta o el pensamiento confortante y resignado de que ya pasó y ahora no queda más que seguir con o sin apoyo hacia el hijo. Hay padres que reciben la noticia y comienza el juicio; pienso que el temor y el saber que los planes de sus hijos serán frenados y desde su punto de vista frustrados, los lleva a castigar duramente con comentarios que van desde el “¿cómo lo vas a mantener si no tienes nada?”, “¿acaso crees que tú podrás cuidar de un niño?”, hasta el “seguro te atrapó con un hijo”, “¿en qué estabas pensando?”, “ya no podrás hacer esto y aquello”. Aunque en realidad todo se trate de lo que quiero o quería para mi hijo, de lo que yo no pude hacer, de los errores que cometí, de cómo las historias se repiten, de todo lo que mi hijo dejará de hacer.

Sé que para muchas personas un hijo les viene a destrozar la vida, truncar sus sueños, pero en ocasiones es todo lo contrario, un hijo te motiva, te inspira, te ayuda a aceptar que la vida debe continuar y está plagada de aprendizajes, que tus sueños no se terminan, sólo llevarán un ritmo más lento. Un hijo te cambia, te transforma y pule si sabes superar los retos, te hace más fuerte y te ayuda a entender el por qué un día recibiste un grito, un regaño y hasta un golpe (lo cual no acepto pero entiendo, hay momentos de desesperación total en los cuales no sabes cómo reaccionar), te hace situarte en el panorama que vivían tus padres para saber qué los orilló a decir y actuar de determinada forma. Habrá cosas que evidentemente deberás mejorar y modificar, sin embargo la experiencia que brinda el recibir en tu vida a alguien que cuenta con esa capacidad de asombro, de curiosidad, de inocencia tal que te invita a ser, hacer, sentir, compartir, comprender y ser empático con el mundo no tiene precio.

Disfruta, que la vida no termina con un embarazo, apenas inicia.

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5 comentarios en “Mi domingo siete.

  1. No me creas, pero creo que lo del domingo siete viene por un cuento. No recuerdo exactamente de qué trata, pero era una cancioncita que decía “lunes y martes y miércoles tres… jueves y viernes y sabado seis” y el domingo siete era como el remate, pero que no cuadraba del todo. Aclaro, esto lo leí hace como mil años, era un cuento infantil y no estoy segura que tenga que ver con el tema, jajaja… pero bueno. Yo también me embaracé a los 26 y claro que te mueve el mundo entero. Incluso las cosas a las que antes no le prestabas atención cobran importancia. En mi caso, mi hijo nació en enero… así que en diciembre me tocó ver una parte del teletón, pues ya te imaginarás que lloraba a mares. Me conmovía por todo (normalmente soy un poco dura), y pues ahora que tiene 5 años, me confirma día a día que vino a cambiar mi vida, pero igual que tú, pienso que vino a cambiarla para bien. Tampoco creo en eso de que termine tu vida, o que te impidan realizar tus sueños. Es cierto que ya no salgo tanto como antes de fiesta (o voy solo a fiestas infantiles), pero también me ha motivado a esforzarme más en mi carácter, aprender de mis errores… y bueno, soy feliz y trato de que él también lo sea.
    Saludos 🙂

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  2. Certera, la vida a penas comienza con un embarazo. Mi esposa también está embarazada y desde que me dio la noticia mi vida tiene un propósito, un sentido más, una razón más interesante para esforzarme.

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