Del dinero, las uvas y otros asuntos.

Columna antiquísima publicada por La Jornada Aguascalientes, Suplemento Autonomía… imaginen, se hablaba de uvas y año nuevo.

Doce uvas doce deseos, se escuchaba en todos lados mientras algunos tragábamos uvas o nos llenábamos de abrazos y gritos de alegría en compañía de nuestros seres queridos. Se desea desde lo más general como la paz mundial o el rescate de los desprotegidos, hasta cuestiones como la mejora de nuestra economía, el encontrar una pareja o mantenerse saludable. Sin embargo, la cuestión no es el qué, sino el cómo lograremos lo que tanto pedimos; pocas veces nuestros deseos son concretos y al igual que los objetivos que nos planteamos para el año nuevo, carecen del camino para llegar a ellos.

Es común escuchar “quiero tener más dinero”, “voy a ganarme la lotería”, “conseguiré alguien que me quiera mucho”, y tontamente pretendemos que siguiendo las pautas que hasta entonces nos tienen con carencias, lo obtendremos. Un día me dijo una amiga que no esperara, que aceptara, aunque yo cambiaría el verbo aceptar por actuar, ya que en términos tajantes dejamos ir muchas oportunidades por falta de acción, y es ahí, en la ejecución, donde tantos nos hemos perdido, pues llegado el punto en el cual alcanzamos eso tan anhelado, ya no hallamos pa dónde jalar. Así que resulta importante pensar también en ¿para qué deseo esto o aquello?, ¿en realidad me hace falta?, ¿estoy preparado para recibir y manejarme frente a la obtención de lo que quiero?

Viene a mi mente lo que ocurre con personas que al igual que el personaje de Huicho Domínguez se vuelven ricos de la noche a la mañana y a sabiendas de lo millonarios que son, malgastan a morir, se vuelven presa de ciertos vicios y tentaciones, pierden a su familia y en muchos de los casos terminan peor de cómo estaban. El dinero contiene poder y el poder requiere responsabilidad, conocimiento, determinación y mucha claridad para saber tomar decisiones, invertir en vez de gastar, respetar en lugar de humillar. Hablando de poder, todos sabemos que hacen falta buenos gobernantes, aunque no sea tarea sencilla y en general casi nadie la quiera desempeñar. Muchos nos quejamos pero muy pocos se lanzan al rodeo para tomar al toro por los cuernos y liderar una comunidad, un estado o un país.

De pronto nos excusamos con “no tengo los estudios necesarios”, “no me gusta la política”, “no quiero volverme corrupto”, no obstante, ver huevonear o avionarse a un diputado que estudió leyes o política no es la gran cosa, y en términos generales se va por el caño su alta preparación hasta hacernos preguntar ¿quién chingados lo puso ahí? Lamentablemente tú, yo y todos los que votamos por ellos, debido al poco interés que prestamos por quién me gobernará. Por lo tanto, si no gobernamos, mínimo deberíamos aprender a elegir, ¿no les parece?

Y ya que pasamos por la política, un tema que debería de ocupar un lugar entre los objetivos no sólo de gobierno (no es el único responsable) sino de cada uno de nosotros es la educación, incluyendo la asignación de plazas por competencias, la evaluación docente y los números que arrojan los bajos niveles que presentan los alumnos en materias tan esenciales como español, matemáticas e historia, sino recordemos que de nueva cuenta en el 2012 se reprobaron estas materias, reflejando tendencias de las posibles dinámicas y situaciones que se pueden presentar en una sociedad indiferente ante aspectos tan trascendentes.

¿Cómo se promete un futuro si no se abona un presente, si no hay interés en educar a los niños y jóvenes, y consecuentemente madurar las consciencias de los padres? Recordemos que los cambios se realizan desde raíz, a paso lento o rápido pero con la seguridad de que realmente se están revolucionando los pensamientos y las acciones, no es válido sacarse y fingir que no nos corresponde cuando formamos parte de un mismo país.

Entonces, lejos de pedir dinero deberíamos enfocarnos en mejorar por lo menos el metro cuadrado que nos rodea o aquella esquina de nuestra mente que no hemos movido desde hace años.

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