México Perdedor

 

 

No soy hidrocálida, radiqué 18 años en Jalpa (municipio de Zacatecas), lugar que según los rumores se distingue por tener un número elevado de mujeres producto de la emigración, y a su vez, por el sabor de sus tacos cuyos puestos parecen haber invadido las calles, lo cual hace tarea fácil encontrar uno de ellos. ¿Y a qué se debe esta invasión? Es sencillo, este pueblito ha crecido a paso de rueda, al grado que es típico escuchar “aquí nunca pasa nada”, y es cierto, no hay grandes cambios ni se ve amenazado por algún fenómeno meteorológico. Los jóvenes buscan oportunidades fuera y los que se quedan permanecen viviendo bajo dinámicas similares a las de hace décadas, sobresaliendo la comercial.

Pasa el tiempo, sin embargo los jalpenses no han modificado mucho su actitud ante la forma de organizar sus comercios, no realizan grandes esfuerzos de mercadotecnia (los cuales la mayoría considera algo inútil), por lo tanto no hay grandes ofertas, los descuentos se dan por la guerra de precios entre competidores directos, los cuales en muchas ocasiones están justo frente al negocio. Esto se vuelve evidente cuando al fijarte ves que en una misma cuadra han dos o más estéticas, tiendas de ropa, paleterías o abarrotes. Entonces el más vivo gana y hace quebrar al otro, la rivalidad es grande y la lucha es a muerte.

Considero que mucho de esto es ocasionado por la mentalidad que ha quedado plasmada en la historia de los cangrejos en la cubeta, donde se atribuye a los mexicanos la actitud de fregar al colega para que no sobresalga, mientras que en otros países se busca que todos salgan adelante, incluso si es mi competidor, ya que la visión de los resultados positivos es global y no particular. Por otra parte, a pesar de que México se ha distinguido por contar con un alto grado de creatividad, llega un punto en el cual la pereza nos hace imitar en lugar de innovar, preferimos vender lo mismo que el otro sin fijarnos en lo que implica, en cómo habla eso de mi persona, de nuestra ética y sobre todo de nuestro espíritu de competitividad sano.

Para nuestro mal, esto sucede en muchos otros lugares. Tal pareciera que nos hemos encargado de dar y fortalecer esa imagen de malos competidores, de mediocres e incluso de encausar erróneamente talentos como la creatividad y carisma, aplicándose para el que pierde como el que gana. El perdedor por su falta de estrategia ante los cambios, lo nuevo o más poderoso, por no considerar el crecer, capacitarse, y por sentirse vencido a la primera, pues nunca tuvo la intención real de hacer crecer su negocito, ya sea porque era herencia familiar o porque jamás tuvo una visión que fuera más allá de sobrevivir con lo que generaba al día.

¿Qué hace falta? ¿Un cambio mental, más dinero, más oportunidades? En este país existen varios organismos que orientan y capacitan a las pequeñas y medianas empresas de forma gratuita y constante, hay cursos y cámaras de comercio en las cuales se busca el desarrollo empresarial, de la misma forma se encuentran dependencias gubernamentales que otorgan créditos con fáciles condiciones de pago, sobre todo si se asocian con otros del ramo. La creatividad se tiene, la pasión y las ganas por sobresalir también, ¿y entonces?

A nivel Latinoamérica, México se ha distinguido por sobrepasar a países como Brasil en la industria automotriz, produciendo a un menor costo un mayor número de automóviles; a nivel mundial generamos mayor valor agregado que naciones como Rusia, Brasil y Sudáfrica, llevándoles ventaja del 14, 18 y 25 por ciento respectivamente, y si de China se trata, triplicamos el porcentaje; esto de acuerdo al Instituto Mexicano para la Competitividad (IMCO). Tan sólo el año pasado subimos 8 posiciones según el Foro Económico Mundial de Latinoamérica. Por lo tanto, si llevamos delantera en estos rubros, ¿qué nos impide ser competitivos?

De acuerdo al análisis de los distintos aspectos a evaluar, México se califica con valores muy bajos en cuanto a los obstáculos para la institución de una nueva empresa o industria; a pesar de lo dicho y declarado por el gobierno federal, a niveles estatales y municipales aún se dan los trámites burocráticos innecesarios, las miles de vueltas antes de que liberen un documento y la falta de seriedad ante la importancia que tiene el contar con un nuevo negocio en el lugar. La corrupción y la escasez de apoyos a los mexicanos frente a los extranjeros es latente, y la lentitud para los cambios en reformas estructurales termina el cuadro.

Es por ello que surgen incógnitas. ¿Tenemos el gobierno que merecemos? ¿Realmente nos distinguimos por ser mediocres, perezosos y mal competidores, o simplemente seguimos tomando la herencia de los antepasados? ¿Y esa herencia es real o sólo se trata de una idea mal impuesta? ¿Por qué no aprovechamos las oportunidades, es sólo el Sr. Gobierno o somos nosotros? ¿No hay empleos o nos da flojera generarlos? Verdad o mentira, actualmente hace falta mejorar actitudes, ajustar tuercas gubernamentales y contar con una visión común. El tiempo a tardar depende de nosotros.

 

Publicado por La Jornada Aguascalientes / Suplemento Autonomía #42

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