Viviendo del disfraz.

Hay interrogantes que me persiguen y de todas ellas, una insiste, llega a cansar y pareciera que ninguna respuesta le basta, nunca le es suficiente, taladra sin parar y fuera de esos momentos de claridad en los cuales siento o creo que tengo la solución, es inevitable que no venga a mi mente.  ¿Quién soy? ¿Alguien puede decirme? He portado decenas de disfraces con múltiples máscaras  pero ninguna se adapta a mi esencia, a lo que deseo ver en el reflejo de aquellos cristales. Interrumpo la secuencia de mi vida para tomar un respiro y ver si requiero ajustes o simplemente debo continuar con lo mismo, ignorando si se trata de un borrador de mi ser o en realidad lo que ahora soy debe permanecer pese a las dudas que pueda tener.

Mis pies me han llevado de aquí para allá sin éxito alguno, he probado el fracaso y diversos tipos de placer y alegría, sin embargo nada me llena por completo. He permanecido cual mimo que imita movimientos tácitos, predecibles, como aquel hombre que esa extraña tarde veía actuar entre el negro y blanco, mostrando los extremos de la vida a través de sus delgadas y largas extremidades. Limpiaba vidrios en el aire mientras una sonrisa inundaba su cara simulando que ello le daba satisfacción, y no mentiré al decir que sentado desde mi banca lo envidaba. ¿Era tan sencillo reír? Llegué a mi casa, saqué el brillo de todas mis ventanas, incluso de mis muebles y zapatos, pero nada de ese resplandor generaba que mis comisuras se alzaran.

Recostado en la azotea después de tales faenas, recordé la decepción de mis padres, los cuales jamás imaginaron que el niño con ojos pispiretos y kilos de simpatía, se convertiría en un chico oscuro con metales encima y melena abajo del hombro. Prefería no hablarles, no lo entenderían, en su época no había nada de eso y formar parte de aquel grupo no era un juego, sino cosa seria que a la larga junto a mi guitarra me sacarían del estatus mediocre en el cual consideraba siempre había vivido. No quería más de lo mismo, era capaz de crecer por mi cuenta y con esta música del mal (como mamá la llamaba) yo saldría del hoyo.

Con esto sólo evitaba que el adolescente retraído de grandes lentes volviera. En aquellos años elegían mi ropa, las amistades, la forma en que debía hablar y comportarme, encabezando la fila de los ñoños o nerds del salón. Continuamente recibía insultos, temía defenderme y cada que explicaba en casa lo que sucedía, ellos me ignoraban. ¿Qué podía saber un niñito de la vida? ¡Bah! Meras patrañas que a la larga me hicieron preferir alejarme de ese mundo de seres vacíos y estúpidos.

En fin, eso ya fue. Dentro de esta serie de actos, ha pasado el tiempo y después de todo aún vivo intentando conocer mi finalidad en la vida. Hoy visto una mezcla entre intelectual y desgarbado, con estilo. No temo decir lo que pienso y siento, aunque tal como ayer hoy soy incomprendido, sólo unos cuantos ven el mundo desde mi butaca y con dificultad pretendemos desenmarañar el misterio de nuestro sentido. Si todo se tratara de una etiqueta la cosa sería sencilla, no habría más problema que describir mi apariencia y personalidad para ubicarme en una de las tantas subculturas, no obstante aquello que nadie sabe de mí es lo que no me permite quedar conforme con lo que fui o seré.

Vestir y andar de cierta forma no hace mis pensamientos, sólo aporta una imagen al resto y es muy probable que estén equivocados, aún así convenzo de ser algo o alguien que en estos momentos busco mostrar, ya sea porque me trae seguridad, confort, o sólo es una forma de contar con una identidad, de sentirme parte de un grupo, la necesidad de creer que son entendido y comprendido, que hay alguien dispuesto a escucharme en mi idioma, mis códigos. Tal vez sólo es un esfuerzo por ser parte de aquellos que se sienten diferentes de los otros aunque en general seamos parte del mismo sistema, programado con necesidades y ambiciones, temiendo ser lo que somos y buscando esconderse en las masas, sobre todo si evitamos decidir y sólo andamos sin andar un rato por este lugar, convirtiéndonos sin duda en átomos de esa gigantesca nube que se mueve y juega al compás de estímulos idénticos, balando sin cesar.

Publicado por La Jornada Aguascalientes / Suplemento Autonomía #38

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