Periodismo espectaculero.

 

En este país faltará maíz, leche, gas, pero jamás un televisor; dos por hogar es el promedio. Son millones los televidentes y diversa la programación, aunque por lo general no salgamos de los tres o cuatro canales favoritos, sin importar si somos parte de los 4 millones de hogares que cuentan con TV de paga; puedes tener más de 100 propuestas y preferir ver la telenovela del momento o el programa dominguero de cierta cadena comercial abierta, no salimos de lo mismo.

Es recurrente escuchar que las señoras del asiento trasero o los compañeros del trabajo se encuentran conversando sobre el nuevo escándalo de ese famoso, sus noviazgos y truenes, o cualquier otro chismito que llame la atención. Nos mantenemos enterados de la vida de aquellos que han decidido exponerse públicamente, ya sea que disfrutes chutarte cada día el programa de espectáculos de tu preferencia, o bien, que alcances la sección que ahora procuran incluir algunos noticieros para aderezar la seriedad de sus notas. Por lo cual “sin querer queriendo” terminas alimentando a ese chismoso que desde tiempos memorables el humano carga consigo.

¿Quién no ha perdido el tiempo viendo esa nota amarillista que en realidad no traerá beneficio alguno? Actualmente pareciera que las cadenas de televisión abierta le apuestan a ese “periodismo” de espectáculos cuyo único fin es despertar el morbo en el espectador presentando seudo noticias, donde en ocasiones ni siquiera pueden citar sus fuentes “fidedignas”, las imágenes son inconsistentes con el título de la nota y ésta se encuentra sin fundamentos, ya que del cotilleo hacen el respaldo. ¿Esto es periodismo, en realidad podrían llamarse periodistas? No lo creo.

Lamentablemente en México las cosas no marchan del todo bien en televisión, menos si tomamos en cuenta que su contenido es un reflejo de la sociedad que habitamos. El rating es todo para los programas y cuesta creer que según el Top Ten Noviembre 2011 de IBOPE AGB (empresa dedicada a la medición de la audiencia, sus hábitos y tendencias frente a los medios de comunicación y publicidad), programas como “Extranormal” del Canal Azteca 13 ó “Laura” de Televisa, logran alcanzar 9.26 y 12.22 puntos de rating respectivamente. Esto, mientras programas categorizados como culturales apenas y rebasan un punto.

No en balde emisiones como “Ventaneando” se han mantenido al aire durante más de 15 años y en su momento han alcanzado elevados niveles de audiencia. Es decir, somos un pueblo de chismosos que disfruta degustar de las vidas ajenas, sobre todo si son del ámbito público; amamos la basura y nos quejamos por no alcanzar el progreso, escondemos nuestro gusto culposo, nos vestimos de intelectuales y conscientes aunque no pasemos de ser otra “culta dama” como la de José de la Colina. Tememos la crítica del resto y nos sentimos cómodos si alguien comparte nuestras preferencias, pensamos que nos tacharán de huecos al aceptar nuestra adoración por el morbo, aunque paradójicamente más de uno de aquellos que lo harán comparten nuestra afición. Optamos por la hipocresía.

Lanzo la pregunta… ¿Cuánto aporta a nuestra vida conocer si aquel actor se divorció, tuvo un hijo, hizo la “britney-señal” o se vistió pésimo para un evento? ¿Qué relevancia tiene esperar que un presidente saque adelante al país si el único dedo que moveré será para prender la TV? Somos chismosos, somos televidentes, pero también somos humanos cuya vida nos exige ser conscientes.

 

 

Publicado por La Jornada Aguascalientes / Suplemento Autonomía #37

Marzo 03, 2012.

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