Soy de Rancho y a mucha honra.

 

Me han dicho tantas veces “eres de rancho” y no lo niego, provengo de un lugar que elegantemente llamamos población o cabecera municipal, nací en un pueblito parecido al que conoció tu abuelo o tu madre, la única diferencia es que donde estás se ha desarrollado, tiene más smog y avanza a un paso más veloz, pero no tan veloz como el de las grandes ciudades. Es decir, tú tampoco habitas una gran ciudad y qué decir de tu gente cuya mentalidad sigue siendo de pueblo, ¿o lo negarás?

Conozco Aguascalientes desde hace décadas, era un lugar pequeño aunque ya sobresalían algunas construcciones vistosas e importantes. Mis bisabuelitos vivían cruzando las vías del tren, acá por arboledas, y no había mucho por ver sólo brechas polvorosas y unas canchas metros adelante, era la orilla. Se veían burros y caballos por las calles, íbamos de compras al mercado “Terán” que comparándolo con el de Jalpa, éste era enorme, bastaba entrar para oler la manteca, los quesos, el chorizo y las verduras, mientras escuchabas a través de los murmullos la preparación de los “chocos” o el corte del jamón.

El pueblo hidrocálido transpiraba demasiada tranquilidad y en esta actualidad quienes lo vivieron de pronto lo anhelan, prueba de ello es el pánico que se desató cuando las balas volaban por las avenidas y el narco se robó esa paz. La gente se asustó y su mayor preocupación era que este lugar presentara índices altos de inseguridad como el D.F. Con esto viene a mi mente que al inicio del revuelo un maestro nos comentó que no entendía la gran preocupación que existía cuando 15 años atrás ya se vivían casos así en Guadalajara, la única explicación era que este sitio estaba creciendo y las personas no estaban preparadas para lo que implica ser una ciudad.

Es cierto, crecer significa adquirir nuevas capacidades y habilidades, así como mayores responsabilidades, sólo que no todos estamos preparados para ello. Cuesta trabajo adaptarse a los cambios, pretendemos comer el mundo en un afán por demostrar que estamos listos, sin embargo el proceso puede ser rápido o lento, mucho dependerá de las creencias y percepciones sociales. Recordemos que la gente de este lugar se ha caracterizado por ser persignada y polemiza ante temas como la homosexualidad y la prostitución, tacha de indecente más de un hecho y gran parte de esto ha contribuido a que muchos digan despectivamente que  Aguascalientes sigue siendo un rancho.

Las calles se expanden, los puentes se alzan y las colonias alcanzan las colinas que tiempo atrás se veían lejanas, no obstante su gente sigue estancada en aquel ayer donde las carretas eran arriadas y las mercerías abundaban. Falta dar un salto y en las nuevas generaciones recae el peso. Ya veremos si somos capaces de rescatar lo mejor de nuestras raíces y logramos construir dignamente la ciudad que muchos desean o creen tener.

 

Publicado por La Jornada Aguascalientes / Suplemento Autonomía #35

Febrero 04, 2012.

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