¿Le hacemos el milagrito?

No falta quién mencione que ya huele a navidad, a las posaditas y esas ricas cenas llenas de carbohidratos, grasa y azúcar. Nuestras agendas se saturan, hay eventos por un lado y otro en compañía de nuestros seres queridos, el ambiente se ilumina y llena de afectos. Sin embargo a partir de año nuevo viene la cruda realidad, no hallamos qué método emplear para bajar la lonja que por arte de magia botó y rebotó, así también, buscamos propósitos que renueven nuestra cotidianidad aunque sólo surtan efecto el primer trimestre del año, y para abril, coloquialmente hablando, sólo pensamos en feria.

Pasan los días y por más que estamos horas en el gimnasio o le invertimos muchos pesos al nutriólogo, nos damos cuenta que el cambio es lento, pesado y exige mucha paciencia y perseverancia de nuestra parte. Nos cansamos y mandamos todo a la chingada, pensamos que por ahí ha de haber otro método que nos quite esos costales de arrugas, esconda los 15 kilos que traemos arriba y nos mantenga lejos de la obesidad y los problemas cardiacos o de la diabetes. Preferimos el camino fácil y sin ir más lejos nos tiramos en el sillón para ver un comercial tras otro como si fuera deporte. Llega la medianoche y llueven ofertas como el súper brassiere que no le dejará ver los gorditos, las cápsulas que lo mantendrán atento, le curarán la gastritis, el hígado y hasta el cáncer. Y qué decir de esos aparatos donde nomás necesitas zangolotearte un rato para bajar de peso.

¿Les creíste? ¿A poco después de 20 minutos explicando te convencieron? Sí, entiendo, cómo no creer que una pastilla me quitará las ganas de tragar, además anuncian que su resultado está comprobado ante notario público y se encuentra certificada por un laboratorio extranjero (si fuera mexicano, ¡aguas carnal!). Claro, todo suena bastante convincente, tanto que hasta Carmelita Salinas me lo recomienda y a veces me han logrado engañar, sólo que no tengo lana ni teléfono para hablarles cuándo está la mera oferta, je.

Si bien es cierto, todo está muy bien armado para eso: CONVENCER. Por ello dichas cápsulas o anuncios hacen uso de diversas artimañas publicitarias que la PROFECO en diversos momentos ha dado a conocer con el fin de advertir al consumidor, el cual se deja guiar fácilmente por sus deseos inmediatos y necesidades más profundas, todo aunado al concepto de estética y estatus que se maneja actualmente. Por ahí vemos desfilar a actores, modelos reconocidas y personalidades famosas, tal es el caso de Lolita Ayala con su información “que cura” y de la Micha con sus cremitas milagrosas. Según ellas sólo dan a conocer datos indispensables para la sociedad respecto a un problema de salud, pero acto seguido aparece algún comercial que muestra la solución a éste. ¿Qué sucede, no ganan tanto como periodistas, en realidad están de acuerdo con lo que están haciendo o sencillamente son órdenes “de arriba”?

Lo anterior lo pregunto porque no imaginé que algún día vería a estas dos personas prestarse a eso. En fin, creo que debe haber diversos motivos y en esto es bien sabido que Televisa (sí, chale con esta televisora) mantiene convenios especiales con el laboratorio Genomma Lab, el cual actualmente es uno de los principales anunciantes a nivel televisión abierta, y no es para menos si pensamos que mensualmente anunciar un MForce, Cicatricure o Asep­xia, deja unos 10 milloncitos de dólares mensuales. No ha de ser nada fácil negarse a ellos. Por otra parte, se habla por ahí de un proyecto en común bastante interesante para la comercialización de estos y más productos en nuestro principal país vecino, esto a costa de las múltiples llamadas de atención que han tenido por parte de la COFEPRIS y sin importar que la mayoría del ramo está en contra de sus prácticas, ¿o por qué razón crees que dejaron de anunciar los productos de “Primer Nivel”?

Sin duda la industria farmacéutica deja, y muy bien, basta ver las estadísticas y reportes para darnos cuenta que en los últimos años la inversión supera los 200 millones de dólares anuales. Aunque lamentablemente no todo lo que está en el mercado es bueno, al contrario, cada año incrementa a pasos gigantes el número de productos que son retirados por contener ingredientes dañinos, llamarse medicamentos sin serlo, comunicar que curan cuando sólo alivian o aminoran un malestar, y sobre todo aquellos que prometen dar resultados de la noche a la mañana aún en contra de la salud.

Es cierto, gran parte de la responsabilidad la tienen las autoridades, ya que la ley en este aspecto divaga mucho y permite que las empresas encuentren un nicho idóneo para llevar a cabo sus tretas deliberadamente. La COFEPRIS ha pedido apoyo por parte de los legisladores para que haya una mayor normatividad y justicia, controlando así la información proporcionada en publicidad. No obstante, también es cierto que uno como ciudadano tiene el peso de la decisión, ¿comprar o no comprar?, ¿mandar pedir ese aparato, la crema o las pastillas, o acudir con un especialista? Recordemos que nosotros somos los consumidores, así que por más fuerza que haya en las sanciones aplicadas a estas compañías engañosas, mientras haya quién compre habrá quién venda.

Un día me dijeron en mi pueblo “no uses faja, cierra el hocico”.

Publicado por La Jornada Aguascalientes/ Suplemento Autonomía #31

Diciembre 10, 2011. Aguascalientes.

Blog de Autonomía.

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