Quiero ser Presidente.

Seré sincera, uno de los temas que tenía congelado para esta columna es la política, y no por temor a meterme en problemas o a mi incapacidad para darle un enfoque “fresco” a un aspecto tan trillado y cíclico. Mejor dicho, tomaba en cuenta que dentro de este periódico ya existe una sección en la cual se concentra la información al respecto, y tocarlo en Autonomía sería quizás redundante.

Me contuve, casi quedo morada de tanto que aguanté las letras hasta que no pude más y heme aquí sacando un poco de lo que traigo. No cabe duda, después de ver cómo salen candidatos cual topos de la tierra renunciando a sus cargos en una y otra dependencia, promulgando sus deseos presidenciales y promoviéndose a partir de anuncios y entrevistas de forma masiva, hasta ganas me dan de apuntarme en la larga lista. Total, si nadie pelaba a alguno de ellos y ya anda muy emocionado, a poco yo no podría armarla.

Por lo visto no se requiere ser conocido, mucho menos tener carisma o ese feeling tan necesario para al menos tener una probabilidad de contender. Nomás veo cómo se alzan manos y en términos generales los implicados indican si seguirán o no con la estrategia gubernamental actual, o bien, si traen un currículum lleno de logros como es el caso de Peña Nieto, ni batallan, sólo hacen comentarios modestos sabiendo de antemano la ventaja que llevan en posicionamiento dentro del electorado. De hecho, después de Colosio no había conocido a una persona que aún sin ser candidato ya muchos lo coronan sin importar si son o no del partido político. Por mi parte percibo que hasta el momento es el único pre-candidato cuya fuerza y conocimiento supera por mucho a los demás, que tienen como tarea principal darse a conocer y en algunos casos redefinir su imagen o limpiarla.

El caso será que en unos meses más nos veremos saboteados por discursos de personas “ejemplares”, que a final de cuentas terminarán echándose caca y dándose golpes bajos, todo producto de una ardua investigación de los enemigos, digo, colegas contendientes. A estas alturas no es novedad ver cómo se destruyen o se roen cual ratas; los ciudadanos nos esperamos eso y más. Qué decir de aquellos que ya están lamiendo botas para lograr un posible hueso aún como achichincle del achichincle, una vez dentro nadie sabe si hay 11 ó 20 niveles dentro de una misma área.

Algún día me gustaría escuchar un discurso al estilo del personaje David Norris en “The Adjustment Bureau”, donde cansado de tanto mentir y enmascarar su estilo de vida desenfadado y muy impulsivo, se sinceró de tal forma que lejos de ahuyentar al público, éste lo recibió con tal sorpresa y reconocimiento. Digo, qué político comienza a revelar todo lo que hay detrás del telón, quitándose el temor a ser rechazado por un pueblo que a decir verdad ya está cansado de lo mismo, aunque no haga mucho para cambiarlo, por lo cual puede esperarse seguir así otros sexenios más.

Pero esperen, luego pienso que pocos estamos preparados para escuchar algo tan sincero de un político y pasarlo por alto como si nada; nos volvemos jueces, buscamos al ser perfecto y al final como decía aquella ancianita “a la ron, ron, te quedas con el peor mojón” (espero disculpen la expresión, huele mal pero así iba). Es decir, no creo que México me elija como candidata si dentro de un discurso les confieso que tengo un tatuaje, he llegado a emborracharme, soy adicta al Internet, me encanta desvelarme, por mi mente ha pasado la palabra suicidio, hoy día no tengo la mínima idea de a dónde me dirijo pero sé dónde no quiero estar, no siempre me expreso de forma tan propia ni decente, me peino muy de vez en cuando, me desagradan los tacones, prefiero vestir casual o deportiva, no sé mucho de finanzas y no me laten los dogmas de mi religión.

No, definitivamente no creo que alguien me elija, por eso se miente y es necesario fabricar toda una careta de niños bien portados, responsables y visionarios. Que no falte el traje y la corbata, el cabello engelado aunque parezca que tu madre te peinó, los zapatitos salidos del bolero y la sonrisa de pasta dental, sin caries y blanqueada. Así nos gustan, así los seguimos. Entonces por qué nos quejamos de sus palabras vacías si de antemano compramos una imagen que tampoco existía. La estética nos gana, sino pregunten a toda esa bola de señoras por qué se abrazan de aquel candidato y le gritan si quiere ser el padre de sus hijos. Es cómico,  pero cierto.

No por nada lo primero que consigue un político es el asesor de imagen y estrategias de marketing. ¿Quién votaría por alguien harapiento? ¿Quién aceptaría que su candidato preferido apareciera sacándose los mocos, tirando la basura en plena carretera, haciendo del baño en la vía pública o pagando los servicios de una prostituta? ¿Tú y quién más votarían por él, estarías tranquilo si te gobernara? Si a los actuales los consideras flojos o tarugos, cómo calificarías a éste. Insisto, nos gustan los seres fabricados, que muestren una perfección y nos laven el cerebro con palabras bonitas, soñadas, que nos recuerden que tenemos una esperanza, aún cuando vayamos directo a la perdición. Entonces por qué pides sinceridad, mejor analiza tus parámetros y luego hablamos.

Publicado por La Jornada Aguascalientes, Suplemento Autonomía.

Septiembre 17, 2011. Aguascalientes.

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5 comentarios en “Quiero ser Presidente.

  1. Me hiciste recordar que durante las últimas tres elecciones estatales (Ags.) he visto a dos o tres candidatos que posaban casi en harapos en sus respectivas propagandas. Ninguno de los que menciono ganó en sus contiendas.
    Desde luego que la buena apariencia es necesaria: de la vista nace el amor. Y en ello el marketing político es interesante; ya has dicho la manera en que nos desnuda y nubla la vista: a través de seres perfectos.
    Como ciudadanos, nos falta crearnos mecanismos -o fortalecer a los existentes- que den seguimiento al eiercicio de los funcionarios. También, nos falta aprender a proponer.
    Quizá deberíamos sepultar a la política y mirar hacia los organismos ciudadanos (que por cierto, no están exentos de la tan humana corrupción).
    El tema siempre se enmaraña con otros y es de nunca acabar.
    Buen post. Saludos, y trata ese moretón.

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  2. En definitiva estaríamos mejor con el peje…… obviamente que no. Igual y solo soy yo pero prefiero a un gobernante con un poco de distinción a uno que baile colombianas (hola Moreira). El siguiente comentario no es apto para públicos menores o de estómagos sensibles: El individuo no escoge al gobierno, las masas escogen al gobierno y que son las masas?… ahí esta el detalle, mientras nuestra analfabestia fuerza laboral no salga del 0 absoluto mental seguiremos teniendo gobernantes que impresionen como moneda nueva al populacho. Ya tenemos rato viendo como nuestro valet presidencial se torna cada ves mas mundano y descarado asi que de que nos sorprendemos.

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  3. ESPECIE EXTINTA. ¿ Algún día existirá algún político que piense en sus conciudadanos y no en sus intereses partidistas o peor aun personales?. Hasta ahorita la historia nos ha enseñado que todos se dejan seducir por el encanto del poder y del dinero.
    La apariencia no debería de importar, Sí, las ideas y para muestra, el carpintero que solo contaba con lo que traía puesto (y sus sandalias) convenciendo con sus palabras y con su ejemplo. Curiosamente vivimos en el mundo al revés, por que a los que nos ayudan a ser mejores, los terminamos crucificando y a los nefastos los terminamos adorando.

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