Recaída.

Sé de llanto y depresión,

de tragarse la emoción mientras te muerdes la lengua.

Te veo y me frustro,

me pega en el alma mi incapacidad,

y esta miopía de un mundo bueno,

y estas palabras que no surten efecto.

¿Qué hacer y no hacer cuando ni me escucho,

ni me lees, ni me presto atención?

¿Qué hacer cuando ya te olvidaste de mí, de ella y de aquél?

Camino y no hay rumbo, no encuentro tu rumbo.

Me pierdo en el mío, lo cual suena absurdo.

¿Cómo vender perspectivas si la tuya te funciona?

Nunca fui buena vendedora, y nunca lo he sido.

Y ahora que vengo a ofrecerte esperanza

me pregunto qué le falta,

tal vez otra caja, quizás otro moño.

Quizás es mi risa, quizás es mi vista,

que los sinsabores y este daltonismo nomas no me ayudan.

Sé de esas cosas, sé muy bien de eso.

Sé pa’ dónde vas y no sé dónde me encuentro.

Perderme es el miedo,

envolverme en tus sábanas revueltas de incierto,

de hiel y de sangre que derramas hace tiempo.

Te veo esas heridas y tiemblo por dentro.

¿Quién podrá ayudarme

cuando no comprenda que ahora estoy adentro?

¿Dónde estás ahora cuando voy cayendo?

Te tomaba la mano y ya no te veo;

me gritas desde lejos “yo ya no estoy adentro”.

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