Crisis educativa en México.

Publicado por Revista Guayoyo en Letras, Enero 09  ’11.

http://www.guayoyoenletras.net/?p=9744

 

“La cultura engendra progreso y sin ella no cabe exigir de los pueblos ninguna conducta moral.”

José Vasconcelos

 

Hace días escuchaba al Secretario de Educación decir que los resultados obtenidos por la población mexicana en su nivel educativo ante la UNESCO, no eran tan alarmantes como se observaban; al contrario, evaluando las calificaciones obtenidas en tiempos anteriores, se había logrado un avance significativo. Después de esto, terminaba su declaración comentando que el país iba en buen camino aunque tal vez no al paso que quisiéramos.

En lo personal, no lo pienso así. Esculco las dispersas imágenes que viajan entre esas tantas aulas, me visualizo sentada en un pupitre y por más que me esfuerzo, son contadas aquellas personas que recuerdo y puedo llamar “maestros” por contar con la firme vocación de trasmitir conocimientos y motivar a un grupo a aprender, descubrir y sobresalir educativa y personalmente. Así también, regresando al presente, desfilan ante mí bastantes situaciones llenas de marginación, inseguridad y violencia que conforme pasa el tiempo se acercan y tientan a un segmento cada vez más joven, debido a la falta de oportunidades dentro de una sociedad en la cual la pobreza causa deserción educativa y viceversa.

Por otra parte, si hago hincapié tanto en el educador como en el aprendiz, se debe a que dentro de la relación maestro – alumno, ambas partes cargan con una responsabilidad enorme, ya que del éxito o fracaso de dicho vínculo depende el nivel educativo y a su vez el progreso cultural y económico de todo un país. Por lo tanto, sería injusto culpar a uno de los dos, sin embargo es muy común escuchar quejas de uno u otro, queriendo así cubrir fugas dentro de un sistema desgastado y poco preocupado por un avance real. Y si a este punto sumamos la participación indispensable de los padres de familia y la formación impartida desde casa, éste llega a complicarse al grado de no saber quién está fallando en todo esto.

 

 

¿A qué me refiero? Es sencillo.

Actualmente, gracias a los informes de transparencia y rendición de cuentas, el sistema educativo mexicano se ha visto evidenciado en la repartición interna de los recursos, respecto al presupuesto otorgado cada año, el cual aunque en apariencia es cuantioso sobre el de otros países como Cuba, en general se concentra en los altos mandos junto a los dirigentes del sindicato, lo cual a final de cuentas deja en escasez de recursos aquellas zonas en las cuales realmente se requiere de ese apoyo económico, distribuido erróneamente entre personas cuyos intereses distan mucho de los del bien común.

De la misma forma, si tomamos en cuenta que la preparación de las personas que están al frente de un alumnado muchas veces es nula, la situación tiende a agravarse, pues ello se deriva de una falta de capacitación, supervisión y evaluación de cada una de ellas. Es así que me pregunto ¿qué nivel educativo podemos esperar si tenemos en el descuido a nuestros maestros y alumnos? Si bien es cierto, existe toda una gama de elementos en los cuales es necesario poner suma atención; algunos de estos son: la revisión oportuna de los programas educativos y las metodologías de enseñanza aplicadas, la evaluación constante del personal a cargo, la consciencia sobre la administración de los recursos, la vinculación entre las diversas instituciones educativas y el sector público y privado. En sí, creo necesaria toda una reforma educativa que nos aleje de la mediocridad, la falta de emprendimiento, el rezago educativo, la emigración y la falta de confianza en uno mismo. Para así entregar a la sociedad egresados visionarios y preparados que representen un activo importante para México, atrayendo así inversiones y por lo tanto un progreso económico en general.

Siguiendo con lo anterior, a mi consideración la pobreza no es la causante de un nivel educativo deficiente, sino que la falta de interés en la educación genera una calificación, que siendo objetivos, avergüenza y sólo nos deja ver lo mucho que aún nos falta por cambiar, redirigir y solventar dentro de este sistema mexicano algo perdido en cuanto a sus objetivos y el alcance de los mismos en esta materia que hasta la fecha ha sido reprobada.

Finalmente, como dijo un día Benito Juárez: “Libre, y para mí sagrado, es el derecho de pensar… La educación es fundamental para la felicidad social; es el principio en el que descansan la libertad y el engrandecimiento de los pueblos”.

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