Gritos de sangre y violencia.

Pendiente de publicación. Revista Letras Anónimas


Terrorismo: 2. m. Sucesión de actos de violencia ejecutados para infundir terror.

Concepto reconocido y a la vez temido. Usado con sutileza, evitando detalles y razones. Definición poco profunda con opiniones encontradas; quién está bien, quién está mal. ¿Por qué existe?

Esta tarde de domingo, entre nubes y altas temperaturas, llegó a mis oídos ese poema Benedettiano donde aquel hombre preso le habla a su hijo y le explica su dolor, su lucha, sus golpes y grandes heridas, su vulnerabilidad por tomar un camino de sangre, de muerte y violencia. Se habla de dignidad, de vergüenza y de llanto. De valentía y de opresión; de ladrones vestidos de oveja y del deseo latente de libertad.

Su lucha pudo causar terror, sin embargo, el terror vino a él y lo vivió en carne propia. Entonces, en qué momento un ser humano se vuelve terrorista y en qué instante los aterrados le devuelven el castigo. No encuentro a uno con mayor culpa que otro, cuando ambos ejercen violencia.

Aún recuerdo mi adolescencia viendo esas torres caer, junto a mis ojos pasmados rodeados de monitores que al unísono exaltados notificaban el hecho. Terroristas, sólo eso. Aún recuerdo aquellos rostros mojados por la indignación y el dolor de la muerte; aquellos gritos de cientos que lo presenciaron. También viene a mi mente el discurso molesto de aquel profesor, tachando de inconscientes, malévolos y tontos a esos hombres causantes del acto.

Mucho marcó ese 11 del noveno mes, que incitó a la persecución de los agresores; muerte les tenían que dar, opresión y conquista fue el resultado. Murieron más de los planeados y esa tierra llena de guerra y desesperación, peor quedó.

Aquí es donde me detengo; no comprendo. Dónde comienza el terror de los “antagonistas”, y dónde inicia el generado por las “víctimas”. No comprendo cómo este mundo deja pasar el terror causado por años a un pueblo, dado que lo ve justificable, pues algunos de esos extraños gritaron primero su repudio a un sistema, a una conveniencia económica y a un sentimiento de superioridad, causando daños irreparables.

Sucede que de pronto mi vista se nubla y no sé a quién favorecer, jamás nací entre sangre y violencia, jamás me han arrebatado a un ser amado y jamás he tenido que correr asustada para escabullirme de las balas de algún cazador urbano, cuyo deporte es matar por matar a su “enemigo”, el cual distingue por un simple hecho: persigue o no, su causa, su interés o su religión.

Qué deshumaniza a un ser pensante, suponiendo que aún le quedan pensamientos y toma de decisión. Qué lo enloquece al grado de morir para asustar y vociferar con ello su coraje y su dolor. Cuánto debe observar y tragarse uno, para lograr comprender a alguien así y no morir en el intento.

Es duro escuchar en los medios que cientos mueren, sin embargo están lejanos y por lo mismo se olvidan pronto. Al menos yo no llevo el conteo, sólo sé que es bastante y esta ola de miedo debería detenerse.

Espero y mis palabras no aludan a muchos, que afectados han vivido por un impacto así. Sólo intento darle luz a estos pensamientos, que egoístas y ajenos sólo esperan no vivir en carne propia esa sangrienta realidad.

“Uno no siempre hace lo que quiere, pero tiene el derecho de no hacer lo que no quiere.”
Benedetti

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