En un mundo de etiquetas.

Publicado por Revista Letras Anónimas (blog)

Fuente: http://letrasanonimas.tumblr.com/post/1116716047

 

 

Ñoña, junior, emo, dark, fashion, otaku, naco ¿y tú… quién eres?

Desde el momento que naces, estás destinado a recibir alguna de estas etiquetas y muchas otras más. Tal parece que el ser humano tiene una necesidad imperante de ordenar y ponerle nombre a todo, ignoro si eso nos hace dueños en cierta parte de una persona, una cosa o cualquier otro ser vivo.

En lo personal, en aquella vieja secundaria nadie me bajaba de “matada”, y a decir verdad, me era molesto y pesado tener que cargar con un estereotipo que un buen día terminé comprándoles, junto con el paquete de características propias de esa palabra.

De pronto uno siente el compromiso por seguir ciertas pautas, por cumplir con los parámetros que se esperan de ti. En mi caso debía obtener siempre las mejores notas, en caso contrario se armaba revuelo y la mitad del salón me preguntaba directamente qué había sucedido, por qué había fallado en esta ocasión. Insisto, era irritante no poder ni cometer un error o dejar de estudiar.

Tuve que desaparecer de ese clima estudiantil para desechar esa etiqueta que hasta la fecha me acompaña a la vista de muchos. Fuera de esa sociedad educativa pude volver a conocerme y darme cuenta cuántas veces me dejé llevar por la opinión de otros, dejando hasta cierto punto, de ser yo, por miedo a sentir sus miradas sobre mí.

Vaya conflictos que causa una simple palabra “descriptiva” de un área de tu ser; te llega a crear paradigmas difíciles de romper a la primera. En ocasiones llegamos a enfrascarnos en todo un contexto lleno de prejuicios y definiciones erróneas, dictaminadas por una sociedad que en conjunto simplemente se deja llevar.

Justo ahora vienen a mi mente aquellas escenas pasadas donde en confianza alguna de mis conocidas llamaba “zorra” a la novia de su amor platónico, solamente porque la había preferido sobre ella. No había derecho, pero lo hacía de una forma tan deliberada como muchos de nosotros que hemos etiquetado en este plano.

Ciertamente, estoy en desacuerdo. Considero que de esta clasificación se deriva una discriminación que puede ser muy leve y disimulada, o bastante cruel y despectiva. De ahí la generación de una serie de situaciones más complejas a nivel social.

Como seres humanos convendría concentrarnos en ser y dejar ser, en aceptarnos totalmente y comprender que no tenemos ningún poder para etiquetar una persona por el simple hecho de ser distinta a nosotros, de tener gustos, hábitos o actitudes diferentes.

No vendría nada mal tomarnos un poco de respeto por el resto de la humanidad, y comprarnos otro tanto de consciencia. Vale la pena centrarnos y visualizar qué estamos haciendo, por qué juzgo a éste o aquél, ¿acaso algo me molesta?

Hace tiempo leí a Jorge Bucay; en una parte de su libro “Amarse con los ojos abiertos” explicaba que veo en los demás, aquellos defectos que tanto irritan porque aún cuando no me percato, yo lo tengo y los oculto. Al respecto me pregunto en qué medida criticamos y en cierta manera nos estamos saboteando.

Qué evita que seamos sólo uno mismo y decidamos aparentar bajo ese vestido con larga etiqueta, por temor a mostrarle al mundo quiénes somos y qué queremos realmente. A lo largo de mi corta vida, me he permitido conocer a diversas personas y algunas han sido fieles representantes de ese peculiar apodo, de aquel adjetivo bizarro o chistoso, de aquellas marcas que les pusieron y prácticamente compraron sin permitirse ver otra opción.

Recuerdo aquella conversación de ese hombre maduro que con aquella mirada baja y avergonzada, se declaraba un mediocre, tal como su familia lo estableció 15 años atrás. Nunca vio algo distinto en él y con dolor decía que ya no podía dar más, que ellos tenían razón. Qué calamidad.

Por ello, pienso que en este mundo de etiquetas habrá que echarse kilos de temple y objetividad, además de intentar conocerse y descubrir sin miedos todo lo que somos capaces de hacer por encima de una palabra, que muchas veces carece de sentido.

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