Duelos Inconclusos

Publicado por “Guayoyo en Letras” el 03 de octubre de 2010.

Fuente: http://guayoyoenletras.com/revista/?p=6949

 

Fotografía: May Rovles.

Escuchando una melodía al lado del camino y aislada de aquella inconsciente humanidad, aquella luz de las sirenas, cruzando la avenida, me distrae por un momento. ¿Ahora a quién buscarán?, me pregunto. No indago tanto en mi diálogo interno y retomo mi camino. Llego a casa y aquel silencio sepulcral me saluda como siempre. A lo lejos viene uno, dos y tres gatitos ronroneando; mis únicos compañeros de casa.

Estoy exhausta, sólo pienso en dormir. Me esfuerzo por cerrar los ojos aunque mi cuerpo suplica descanso. Unos cuántos parpadeos y de pronto un sonido estruendoso culmina esa paz, ¡¿qué sucede, de dónde proviene, cuánto dormí?! Salí de mi cuarto y alcanzo a ver una silueta entre las penumbras. Me quedo inmóvil, mis gritos enmudecen, una sensación de terror me recorre la piel. ¡¡No puede ser, viene hacia mí!! Por más que trato de moverme algo me detiene. Corriendo aparece aquel hombre de mediana estatura, extremadamente delgado y blanco; vociferando me ve con rabia y alzando un plato me lo lanza fuertemente gritando “¡Mírameee!”. Viendo el plato contra mí, cierro los ojos desesperada… ¡y despierto!

Sí, todo era un sueño. ¡Qué alivio! Un segundo después, comienza a sonar aquella melodía que sale de la radio; es hora de levantarse. Sorprendentemente, después de dos, tal vez cuatro  semanas, logré despertarme justo antes de aquellos tres despertadores que por más que repicaban cada 10 minutos, no lograban que abriera mis ojos. Ya no sé qué sucede. Después de tantos meses (nueve, para ser exactos), en los cuales no he podido dormir tranquilamente, simplemente hoy es diferente.

Volví a tener esos sueños extraños, llenos de escenas aterradoras, violentas y un tanto bizarras. Creí que durmiendo hasta altas horas de la madrugada, lo cual ocasionaría que cayera rendida, evitaría soñar aquello, sin embargo no pasó así. Al menos hoy no desperté aterrada, entre lágrimas y sudor.

Tengo que confesarlo, estoy cansada, irritada y hasta cierto punto harta de esta situación a la cual no le veo final desde aquel día gris en el cual recibí aquel frío mensaje de que había muerto. ¿Cómo fue? Dicen que estuvo internada, yo no la vi. Dicen que se fue repentinamente, jamás me informaron. Algo en mí no está en paz, algo en mí, culpa la distancia y la indiferencia hacia un evento del cual no me hicieron partícipe.

Yo la quiero con toda mi alma y aún hoy no comprendo, no quiero entender ni dejar fluir. Sé que estoy obstruyendo el correr de la vida, sé que me hago daño con todos estos sentimientos. Lo sé, créeme que lo sé, y eso es lo peor: estar consciente de este cúmulo de hechos y sensaciones poco deseables, y no sentirse capaz de cambiarlo.

Un duelo pasa mi alma. ¿Cuánto durará? Lo ignoro. ¿Hasta dónde llegaré? No sé. Mi raciocinio se aleja por momentos o sólo se concentra en la lista de pendientes que tengo mañana a nivel laboral. Mis emociones, por su parte, recorren semana a semana una montaña rusa y son las causantes de mis desequilibrios.

De repente escucho comentarios de que todo esto, no es más que una crisis, la cual pasará tarde o temprano cual si fuera gripe. Mientras tanto, me muero por los síntomas, llevándome conmigo cosas tan valiosas como mi familia, mis mejores amigos y mi pareja. Quisiera despertar y darme cuenta que esto no es otra cosa que un sueño más de esos que tengo. Pero no es así.

Me veo al espejo y cada día el cansancio y pesar se delatan en aquella mirada perdida. Mi despiste ha incrementado y mi peso se ha esfumado poco a poco. Hay días en los cuales sólo quiero dormir, sabiendo con pesar que otro día amanecerá. ¡Qué poco valoro mi vida, siendo tan bendecida! Me avergüenza admitirlo.

En ocasiones mi corazón da “señales de vida” y pequeños dolores se agolpan en mi pecho, llenando los huecos que suelen estar. Mi vista cansada se nubla en segundos y mareos repentinos llegan al azar.

¡Maldito desgaste! Ya no puedo más… Un duelo inconcluso sigue su curso y yo sólo pido poder despertar.

Riiiiiiiing… Riiiiiing!!! ¿¿Ah??

Genial… Volví a soñar.

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