Somnolencia.


Escuché
aquellas palabras y no podía creerlo, no quería aceptarlo. De pronto volteé y
vi cómo todo aquel paisaje multicolor, no era más que un espejismo de todo
aquello que mi mente quería ver.  Todo
ese día observé aquel sitio desolador.

Por
primera vez recordé que apenas y piso esa casa, que apenas y puedo dormir.
Detrás de aquella somnolencia y ese cuerpo irritado se nublaba mi pasado y me
impedía revivir.  Me di cuenta que había
recortado las grandes listas de salidas, de conocidos y charlas, para refugiarme
sólo en unos cuantos, sólo en aquellos que no tuvieran nada que ver con ella.  Menos preguntas, menos confrontación.

Era
como haber permanecido por largo tiempo en el ojo del huracán, en esa
tranquilidad aparente que tarde o temprano terminaría con la llegada de alguien
a quien huía. Fue así como kilos de melancolía y pudrición, suspendidos en el
aire,  cayeron sin pesar. Ni dieron
tiempo a la conmiseración.

¿Todo era real, acaso mi
mente seguía jugando bromas pesadas? Ignoro la respuesta, simplemente la
atmósfera cambió, se contaminó de aquellas sensaciones y fumarolas de dolor.
Así que hoy reconozco esta asfixiante nostalgia y la enferma terquedad de no
dejar fluir.

Me
duele no entender. 
…hoy
abro los ojos y sólo quiero dormir.

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