Una noche…

 

Lanzando crudamente el hedor de tus heridas

sobre mi desnudo y lánguido ser,

azotando sin sentido la tesitura ambiental

de los días que se han largado y han marcado ya la piel,

me expongo inerte esperando me lastimes,

pretendiendo valentía ante el daño e idiotez.

 

(Suplico tu abuso, olvidando sensatez)

 

Callando los silencios que antes eran compartidos,

mis ojos recriminan y apuñalan sin cesar.

No hay tregua, compasión; sólo rabia, decepción.

La verdad ha torturado y taladrado el corazón

que fue entregado al engaño sin escrúpulo y razón.

 

La bestia se ha presentado y ha enterrado aquel pudor,

olvidado está el consciente y la entrega de ese amor.

Ultrajando así mi alma, trasmitiendo polución,

me dejaste sin sentidos recordando el falso ayer.

 

(Bañada en rojo tinto sepulté mi altivez)

 


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