Oscurantismo Individual

Publicado por Revista Cinosargo, Mordiendo el Arte.

Chile. Agosto 23, 2010.

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Días atrás, mientras leía la publicación que hizo un muy buen amigo en su blog, encontré que hablaba sobre la Ley de Atracción, concepto del cual hasta el momento hay más de una publicación en el mercado, sin embargo, en ocasiones sale de nuestro alcance y entendimiento, y es que frecuentemente nos cuesta trabajo creer aquello que no es palpable, que no es comprobable y que muchas veces carece de una lógica racional.

Dentro de dichas publicaciones se mencionan diversos puntos que a decir verdad llegan a trastocar varios aspectos del ser intelectual y espiritual, incluyendo a la par, otros elementos espirituales cosmológicos cuyo contexto es complejo para aquellos que jamás han escuchado acerca de los “ascendidos” o también llamados “iluminados”, o incluso ni siquiera conozcan cuestiones metafísicas del YO SER, los ángeles, el uso de los decretos y los 7 rayos energéticos del universo.

Con todo esto, recordé una pequeña anécdota parte de un sueño volátil del pasado…

“Había una vez, en algún punto cercano de esta pequeña ciudad (cuya coordenada ya no importa), una pequeña niña ecléctica llamada Io, la cual se encontraba sentada escuchando cánticos extraños, decretos infinitos que gente ajena a ella repetía siete veces, tal vez más según su percepción. Nombres raros se pronunciaban, sólo de algunos tenía consciencia: Jesús, Buda, Krishna, arcángel San Miguel… ¿quién o qué era Germain, Vishnú, Elohim?

En menudo lío se encontraba, vaya confusión trasgredía su mente, ¿acaso aquellas voces penetrantes planeaban saquear sus ideas, atrapándolas como mariposas divagantes en el aire?, ¿qué era todo aquello; sería una secta?

Lo desconocía, sin embargo permanecía sentada, tratando de entender, asimilar cada palabra, dejándose llevar por la marea de contrariedad y sin embargo, disfrutando de un enfoque demasiado complejo para su escaso conocimiento astral (…)”

Lo anterior pasó por mi mente, al imaginar que incluso para una persona con cierta apertura y consciencia, es complicado aceptar que existe algo más allá de la religión que profese, o de la ideología filosófica típica y vana de un ser humano cuyo fin no es trascender, sino seguir e interpretar “como Dios le dé licencia”, absorbiendo conocimiento y dejando sólo aquello que considera “bueno”, “correcto”, “normal”…

Es por ello, que muchos guardan su pensamiento ante algo como la Ley de Atracción, famosa gracias a diversos libros y películas comerciales, cuyo fin es hacer llegar una visión del funcionamiento universal, donde la sincronía de pensamiento y sentimiento va de la mano con la polémica causalidad, cuya aceptación conlleva una disolución dogmática enorme y brinda una responsabilidad absoluta y aterradora de nuestro “destino”, el cual aleja al individualismo y te recuerda que cada una de tus decisiones y movimientos, producto del pensamiento – sentimiento, ocasiona un cambio en todo el cosmos. Ello, al menos a mí, me genera cierta confusión.

Por lo tanto, ¿cómo esperar que las personas adopten dicha Ley, cuando lo más complicado para el ser humano desde que tiene “uso de consciencia” es tomar responsabilidad sobre su existir? Si bien es cierto, es más fácil buscar un culpable que un responsable; al primero lo juzgas y castigas, el segundo responde ante determinado acto y él mismo analiza y hace los cambios necesarios, sin necesidad de que intervenga alguien más. Son posturas distintas ante una situación, una idea, una sensación, y es claro que sus resultados también son distintos.

Tomando en cuenta lo anterior, retomo una idea que expuse hace tiempo e insisto, el humano elimina el SER desde el momento en que se encierra en su diminuto y egocéntrico mundo, simplemente por ese “miedo” al cambio. El humano (considerándome uno de ellos) es demasiado predecible, tiene modus operandi bastante esquematizado y ya tatuado mentalmente, que alienta al magnífico desarrollo de su inseparable pereza mental.

Aún hoy me pregunto, ¿qué más daría si el cerebro de Einstein era de mayor tamaño que el resto; que importaría si Jesucristo fue cubierto con el Sudario de Turín, o si Krishna tuvo una o quince mil esposas? A final de cuentas no creo que unos centímetros extra de masa corporal, un pedazo de tela o un estilo de vida, hayan determinado la trascendencia de estos seres en el campo intelectual como espiritual; va más allá.

Aceptémoslo, a muchos nos encanta vivir del oscurantismo individual, nos prohibimos vivir, comprender, trascender…


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